Menú Portada
Otras opiniones

Malta, más limpio que La Valletta, más profundo que el hipogeo

Mayo 2, 2013

La capital europea más pétrea y salvaje se encuentra dentro de una isla grande, escarpada en alguno de sus puntos cardinales, enfrentada con las antiguas ciudades que la fueron conformando a medida que sus gentes caían por sus afilados acantilados al llegar al punto de colmatación de la población.

Parece todo un alarde de eficiencia en el uso del metro cuadrado haber conseguido construir en una isla todo lo que se ha edificado, conquistando cada rincón con la piedra caliza que todo lo envuelve y que hasta tan hondas profundidades se encuentra. Malta, que le da nombre al país, es principalmente una gran isla en todos los aspectos, una más pequeña que cuando se pronuncia se llena uno de Gozo y unos cuantos islotes entre los que destacan Comino y Cominatto que demarcan la increíble, transparente y nada profunda Laguna Azul. Acceder a ésta sólo se puede hacer por medio de embarcaciones privadas porque no existe línea regular que las una a Cirkewwa (la terminal de ferrys que une Gozo y Malta durante las veinticuatro horas del día, ininterrumpidamente).

En Malta todo resulta extrañamente inglés, no en vano existe una arraigada costumbre de conducir por la izquierda propia de las ex colonias inglesas. Pero es que la influencia de la cercana Sicilia –se dice que los primeros habitantes de Malta provienen de allí- es también patente. Es como ver Bobbys británicos gesticulando al modo italiano sin las enormes plumas de los Carabinieri y con un fuerte acento sureño.

Perdurando en el tiempo

Llama poderosamente la atención cómo han perdurado lugares tan remotos en el tiempo, estos sí son profundos de verdad, como el Hipogeo (Patrimonio de la Unesco). Consiste en una red de espacios abovedados excavados en la piedra imitando arquitectura estructural, vigas y soportes conectados unos con otros, y que servía como fosa común para los que pasaban a “peor” vida. Sin duda es peor porque la vida en Malta es tan agradable que parece uno estar en el propio Paraíso Terrenal incluso cuando visita el citado enterramiento. Por cierto, para futuros visitantes no hay que ser aventureros ni tan arriesgados porque las visitas se conciertan con dos meses de antelación para grupos de diez personas cada hora al objeto de proteger el hallazgo del CO2 emanado en la respiración.

Mi acompañante y yo tuvimos la enorme suerte de poder visitarlo pese a no tener reserva y pasarnos una mañana esperando a que en algún grupo no se presentase alguna persona. La suerte estaba de nuestro lado porque a la segunda, en connivencia con uno de los fantásticos guardias del templo, localizamos un grupo japonés con dos reservas de más. Eso me hace creer en la Divina Providencia o en los siete mil espíritus que deben poblar el Hipogeo que andaban de nuestro lado ese día y que nos querían arrastrar a las profundidades… No me quiero imaginar el hedor que debía desprender aquella fosa común con la carne pudriéndose por doquier y los encargados perdiendo su pituitaria para siempre.

Para llegar a Malta utilizamos la típica línea aérea irlandesa de combate que te lleva por poco dinero a cualquier lugar, y celebrando cada proeza del piloto y copiloto que a la vez que bajaban flaps, levantaban slats o corregían deriva, vendían chuches, perfumes y cualquier objeto susceptible de traficarse a bordo mientras, imagino, el piloto automático debía seguir las señales de los VOR y fijar los rumbos (IFR Instrumental Flight Rules) para conducir la aeronave hasta el Aeropuerto Internacional de Malta. Algo absurdo llamar “internacional” a un aeropuerto que ocupa buena parte de la isla ya que sin quererlo te podrías salir del país en un mal aterrizaje o en un demasiado largo despegue, y al que llegan multitud de vuelos de los países de los alrededores que se encuentran a pocos kilómetros de distancia.

Malta reducto de la historia

Malta es un reducto de caballeros de la Orden, muchos de ellos hoy celebran la independencia de la Corona Británica con banderas del Reino Unido por doquier y la tradicional bandera maltesa blanca y rojo con su famosa cruz en una de las esquinas. En la concatedral de San Juan en La Valletta se pueden ver los enterramientos de muchos de los grandes maestres de la orden que yacen en sus capillas engalanadas con dorados destellantes sin dejar lugar a espacios sin decorar. En ella se encuentra una de las joyas maltesas, el cuadro de Caravaggio “La decapitación de San Juan Baustista”, que preside la sala donde éste fue nombrado miembro de la orden y años después, ante su propio cuadro, expulsado por su gran facilidad para verse envuelto en riñas y disputas y su carácter prepotente y chulesco, según cuentan los cronistas. Aun así este gran pintor barroco es un genio reconocido y uno de los máximos exponentes en la composición de la escena, la luz y la representación del cuerpo humano del barroco.

Hace unos días, sentado en la bahía en St. Julian (lugar sumamente turístico) estaba yo con la chica que me quita el sueño desde hace más de un año tomando una cerveza negra, algo que la cultura inglesa ha exportado y que los malteses han importado con excelente acierto. Una amable camarera, color cerveza Guinness, se acercó para preguntarnos si queríamos alguna pinta más. No pudimos reprimir la mirada directa a su fantástico cuerpo isleño y su increíble sonrisa tostada, por lo que no fueron una sino varias las pintas que nos tomamos bajo el influjo de tan buena comercial. Por supuesto que al jefe, un maltés curtido en mil batallas apostado detrás de la barra, le dijimos que el fichaje había sido espectacular y le dimos la enhorabuena porque tenía la terraza de su bar siempre a reventar.

Moverse por las islas

En Malta lo mejor es moverse en autobús, por tan sólo doce euros la compañía de autobuses ofrece un pase de siete días que conecta toda la isla de manera perfecta y sincronizada con horario siciliano, es decir, que aunque las horas estén escritas en cada parada existe una horquilla de más menos diez minutos que se cumple a rajatabla. Otra cosa curiosa de los autobuses en Malta es la cantidad de líneas que existen, las que pasan por el aeropuerto empiezan por X, las que recorren casi toda la isla de este a oeste o de norte a sur tienen tres cifras y las locales dos. Aquí tenéis que ver que en los finales de las líneas el autobús cambia de numeración y no hacer como nosotros que bajamos para esperar el 15 viniendo montados en el 12 que, por arte de magia, se iba a transformar en el 15 diez minutos después de bajarnos.

Algo que todavía no hemos entendido de Malta es el sonido de sus más de cien campanarios distribuidos por doquier. Cada vez que escuchábamos el repicar de las campanas pensábamos: “Escucha las trece campanadas que anuncian las cinco y cuarto”. Sí, es inexplicable porqué sucede así, tratamos en vano de establecer una pauta. Cuartos ?, medias ?. En realidad la conclusión es que la cerveza negra hace estragos hasta en los campanarios…

Lo genial de la herencia maltesa se resume en los templos megalíticos, templos de la edad del bronce (entre 3.000 y 5.000 años antes de Cristo) que todavía son una incógnita porque no se conoce para qué servían ni porqué se construían de esa manera. Eso sí, sirven de fondo de fotografía para retratar a mi modelo querida que se presta con sus encantadoras curvas, contrapuestas a las de las salas megalíticas excavadas, a componer una escena con tal armonía estética como nadie en el mundo puede hacerlo. Imagino su exultante cuerpo entre las ruinas de Pompeya y Herculano y no dejo de ensimismarme con la infinidad de los posibles viajes juntos que aún tenemos por delante. Rendido ante tanta belleza, concentrada en el fantástico cuerpo de una mujer murciana, salgo para su ciudad en breve, recordando el movimiento oscilante de sus caderas y el destello del sol del Mediterráneo golpeando de lleno su piel cobriza.

Antonio Lambea Escalada, Arquitecto.