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Los puntos cardinales

Maduro, más cerca del precipicio

Febrero 18, 2014

Hay gobiernos, cada vez menos, afortunadamente, que se autoalimentan con la idea de la conspiración internacional y de los planes diabólicos de alguna potencia extranjera para subvertir su orden interno. Francisco Franco, por ejemplo, tenía una auténtica obsesión con el contubernio de los masones, los judíos y el comunismo internacional. Nicolás Maduro, por su parte, no duda en acusar al imperialismo norteamericano de alentar el levantamiento de la oposición venezolana. En realidad, Maduro se escuda en el antecedente de la información recabada por los servicios de inteligencia durante los acontecimientos del 11 de Abril de 2002 en los que su mentor, Hugo Chávez, estuvo a punto de ser derrocado. En aquella ocasión, la Administración Bush sí parecía tener muchos intereses en el final del chavismo. Por eso el fantasma de la CIA parece seguir deambulando por los pasillos del Palacio de Miraflores.

El cóctel explosivo venezolano

Sin embargo, por mucho que el ex conductor de autobús se empeñe, volvemos a aplicar la máxima de esta sección, que consiste en ilustrar el descontento traduciendo la pasión a cifras contables. Desde luego, en el caso venezolano resultan especialmente llamativas. No hay ninguna duda de que el cóctel es explosivo. La población pierde la paciencia por un proyecto político que en términos de desarrollo económico agoniza. Y las protestas por esa incertidumbre reciben la respuesta del sistema en forma de mazazo represor. Pero, por mucho que Nicolás Maduro emplee a sus milicias bolivarianas para intentar silenciar el clamor ciudadano, será como pretender tapar el sol con un dedo porque la Presidencia venezolana seguirá sin poder controlar la inflación, que se situó en el 56% a finales del año pasado. Esa revolución iniciada por Chávez que buscaba la igualdad y el equilibrio social entre los venezolanos se quiebra y el experimento fallido ha dado lugar a efectos totalmente contrarios al deseado. El mercado negro de moneda prolifera en las principales ciudades y quienes tienen posibilidad de adquirir dólares saben que pueden multiplicar su valor frente a los que perciben sus exiguos salarios en una moneda nacional sujeta a esa inflación galopante.

El problema de Maduro es que su férrea voluntad revolucionaria no puede paliar su incompetencia en la gestión económica y, a base de medidas de urgencia como la limitación de los beneficios comerciales por decreto, que se ha demostrado absolutamente inútil, enseña aún más la ineficacia del invento bolivariano. Nicolás Maduro sabe que la situación en las calles escapa a su control y que el abanico de quienes se manifiestan es cada vez más amplio y con menos miedo, por mucho que sus camisas rojas o el SEBIN, (Servicio Bolivariano de Inteligencia) se esfuercen sin éxito en arrancar la raíz del descontento. El pasado fin de semana, el presidente venezolano avisaba al mundo de que estaba dispuesto a utilizar todos los medios, armas incluidas, para acabar con quienes intenten socavar los principios de una revolución abocada al fracaso. Hasta figuras del espectáculo y del deporte se suman a las críticas. El caso de Alejandro Sanz era conocido, como el del cantante patrio, Carlos Baute. Pero que Rihanna o el centrocampista croata del Real Madrid, Luka Modric, abracen públicamente esa campaña anti Maduro pone de manifiesto que, incluso desde la distancia, el temor a un choque civil se empieza a tomar cada vez más en serio.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.