Menú Portada
A renglón seguido

Lotería judicial

Octubre 30, 2013

Durante los ritmos que marca la historia de la honestidad de cada uno–unos más cardíacos que otros-, y desde que se sepa, que no es mi caso, cuando un conciudadano –éste sí es el mío- encontraba algún bien ajeno, o bien lo hacía anejo –mal-, o bien lo entregaba –chapeau– ante la autoridad competente para la posible recogida por parte del titular del mismo. Este acto se desarrollaba ante la oficina, despacho o mostrador de las dependencias denominadas de objetos perdidos.

Estos días, los Magistrados del Tribunal Europeo de Derechos Humanos no han dado una a derechas a juicio de un número indeterminado de opinantes, que determinan que han perdido el juicio –si alguien lo encuentra que lo deposite de inmediato en el lugar señalado-, pero no en los estrados de algún Tribunal, sino por la forma y contenidos de la sentencia que facilita la posible puesta en libertad, de cara al futuro y de espaldas al presente, de presos de reputadas madres, pero no muy bien paridos teniendo en cuenta las residencia habituales con vistas a Estrasburgo en las que se alojan desde hace tiempo.

El cuerpo, con poca cabeza, de la resolución establece, que su estancia en el establecimiento penitenciario puede verse mermada; como sus facultades, visto el comportamiento insocial que les ha llevado a su situación actual de privación de libertad temporal.

En esta lotería judicial los posibles agraciados con la terminación de condena se encuentran terroristas, violadores y asesinos; o sea, la créme de la créme de los penales, donde purgan acogedoramente sus respectivos castigos. Con esta decisión vinculante de libertad contingente para los penados, que han causado tanta pena, cabría apuntar un pequeño aforismo: “Hay condenas, que no merecen la pena”.

El precio de los convenios internacionales

Como se puede observar, es uno de los precios, alto sin duda, que se paga, por firmar los gobernantes la compra de determinados convenios –sometimiento ante  instancias  superiores judiciales en este caso-  de  aceptación de una posible revisión del cumplimiento de condena por la discutible vulneración de los Derechos Humanos; aunque, paradójicamente, los reclamantes no los respetaran en su momento. Ya se sabe, el nada infantil juego del “imperio de la ley” dentro del estricto marco del Estado de Derecho. ¿A quién no le suena la música de estas letanías, que ofende en ocasiones a los sordos… hasta de conveniencia?

La decisión de sesudos caballeros de birrete y toga liberaría de la soga carcelaria a los reos convictos y rara vez confesos, maniatando las débiles satisfacciones sociales del cumplimiento de las penas de los victimarios, y desatando la ira de gran parte de la ciudadanía por las vacaciones anticipadas de los violentos, disminuyendo la deuda de “enchironamiento” a la que se habían hecho acreedores.

Diecisiete hombres impíos que, al piar por su boca, han expiado –quince contra dos– los tiempos de condena, de setenta y tres reclusos –una ya está en libertad-, y que lo son, por el intenso curriculum de terror social del que han hecho acopio.

Paco de Domingo