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Otras opiniones

Los ultras sacan pecho

Octubre 14, 2010

No seré yo el que ponga puertas al campo, ni sordina a los discrepantes con el Presidente. ¡Va en su sueldo! Aguantar abucheos, gritos, pataleos porque al final Hacienda te espera con su guadaña antes, ahora y cuando venga Rajoy, si es que viene. Los que pagan podrán gritar, digo yo.
 
Escrito lo anterior no es óbice, sin embargo, para decir que a lo largo y ancho de España se ve, se observa, se palpa a las mesnadas ultras cada vez con más fuerza y, sobre todo, más envalentonados. Aquí no hay un partido como tal y, por lo tanto, ese millón y medio de “fachas” votan al Partido Popular, lo cual no es nada malo. Ni bueno a priori. Tienen todo su derecho a existir libremente siempre y cuando acepten las Constitución, las instituciones y la convivencia cívica. No sería malo que supiéramos al menos de quién o quiénes se trata y si aceptan el juego democrático midan sus fuerzas no en los abucheos, sino en las urnas que es donde realmente se miden los decibelios políticos.
 
Dicho esto también quiero afirmar que lleva alguna razón José Bono cuando indica que no es la Fiesta Nacional el sitio más adecuado para poner en un brete a Rodríguez Zapatero en ese “tiro” ineludible cada 12 de Octubre. Donde hay que ponerle el dogal es precisamente el día de las elecciones. ¡Y ya veremos!

Ojo al dato

Tengo para mí que el problema de los “ultras” afecta antes que a nadie a don Mariano Rajoy Brey que, por un lado, recibirá sus votos y, por otro, le ponen un collar para que no se olvide de lo que en su opinión no debe olvidarse. Ya sé que la derecha democrática, es decir, el PP necesita ese millón largo de votos para optar al poder. Pero antes que esos hay otros diez millones de gente normal, moderada, muchos de centro que son mucho más importantes que los que portan envalentonados la enseña preconstitucional y dan berridos a todo lo que se mueve.
 
Si los dirigentes del PP no son capaces de aislarles en sus perreras, Rajoy no llegará nunca donde una inmensa mayoría de españoles – ante el fiasco Zapatero – quiere que llegue. Porque España es antes que nada un país de centro-izquierda; y luego de una intensísima mayoría de gente sensata y moderada que sólo pide como antaño pan, libertad y paz. Hay algunos observadores asustados ante el saque de pecho de esa ultraderecha que se aglutina entorno a medios de comunicación que les bailan el agua con gatos o con liebres. No se engañen: son minoría, vituferada, pero minoría. Lo veremos en las elecciones que ya están al caer.
 
Esa ultraderecha se amamanta de los monumentales errores del zapaterismo que se mire por donde se quiera vive ya sus momentos finales. Cuando Rajoy sea presidente, si lo es, ya verán como se desmoronan como un mal soufflé. Pero el radicalismo de las tumbas y otras sinsorgadas, junto al insostenible desempleo y la lacerante crisis económica alimenta, como en otros países europeos, la sombra del fascismo transgresor.
 
Conozco a mucho dirigentes del PP que aborrecen de esas prácticas. Pero como todo el mundo está a ver que cae en las mochilas electorales, pues, oiga usted, bien venido sea el berrido. No es eso. No es eso. Porque si se da pábulo al griterío facha a ver quién va a impedir que cuando Rajoy sea presidente, si lo es, la ultraizquierda, que también existe, le organice la marimorena.

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es