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A renglón seguido

¿Los últimos?…, de Filipinas

Noviembre 19, 2013

Mientras en Madrid el partido de la rosa empuñada, con más espinas que la cola de un congrio, trataba de empañar la trayectoria del gobierno, y se hacía la ola con oleadas de aplausos de los suyos en su llamada “conferencia política” bebiéndose los vientos de “el PSOE ha vuelto”, la naturaleza, horas antes, tomaba la palabra, y no lo hacía en tagalo; sino a la trágala, como peor sabe hacerlo, diciendo esta boca es mía, e insultando a una buena parte de población “pacífica” con sus letales aspavientos huracanados de más de 370 kilómetros por hora.

El tifón “Yolanda” ha arrasado parte de las islas Filipinas con un resultado de alrededor de diez mil víctimas directas y unos diez millones de damnificados. ¡Y el Creador, como Rajoy, detrás del plasma celestial sin presentar cara a los acontecimientos; el primero para proteger a sus hijos –incluso los de padre desconocido-, y el terrenal para cuidar de los de santas madres.

Tiene curiosas maneras la madre de todas las madres, de prescindir de sus propias criaturas sin miramiento de edad, sexo, ó religión, aunque sí parece que escoja en ocasiones la condición social de los agraciados con la desgracia. A los supervivientes siempre les queda el premio de consolación de la huella del zapato de la miseria, que, como indicaba Groucho Marx, es el escalón inmediato superior en la ascensión hacia la pobreza.

Ahora, se excitará la conciencia de la comunidad internacional, que raciona muy bien la ayuda a través de comunicados de prensa, para que se apresure en tomar decisiones, que vayan encaminadas a socorrer a la población con piadosos voluntades solidarias, que verán la luz a través de  los  medios  de  divulgación,  y  que  luego  nadie  comprobará  si  surtieron efecto en tiempo y forma. Pero la foto… es la foto.

Mientras algunos aventajados ciudadanos de la opulencia visitaban las aulas de Tiffany’s, el tifón “Haiyan” enseñaba en los pupitres de la indigencia a los isleños, que la protección frente a determinados fenómenos  atmosféricos es patrimonio con frecuencia de los más poderosos –sus posaderas siempre al abrigo-, quedando con la parte más innoble de la espalda a la intemperie los más desvalidos.

Como aquel progenitor sin posibles que le explicaba a su único vástago ante una vasta extensión de territorio: ¡Hijo mío, todo aquello que alcanzan a ver tus ojos, algún día… tampoco será tuyo!

El pueblo filipino se ve afectado por una media de quince tifones al año; si bien, nadie acaba por acostumbrarse a los desastres por esperados; ni siquiera los vendavales económicos generados por nuestros dirigentes y no detectados por la Agencia Estatal de Meteorología, que profetiza la lluvia caída el día anterior.

A éste paso, acabaremos por tener que invitar a pagar a nuestros creadores del séptimo arte por las mediocridades fabricadas, según Montoro, revalidándose –como le gusta a Wert– con la segunda entrega de “Los Últimos de Filipinas” como documento audiovisual de un pueblo en vías de extinción.

Paco de Domingo