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Otras opiniones

Los tiempos cambian pero quizás no tanto como pensamos

Mayo 9, 2014

PROGRESO

Eran tiempos de cambio para todos. Había rudimentarias tornos de madera que sembraban el campo. La revolución de las máquinas, decían. Alex se acerco a Silvia a hurtadillas mientras ésta recolectaba el trigo. Le había atraído desde que era un chiquillo. A escasos metros, ella le sintió y se giró. Ahí estaba él, postrado en el terreno, entre la plantación sin segar. Le hizo señas para que se acercara, ella se ruborizó y miró en varias direcciones. Pero su sentir fue más fuerte y se abandonó a la pasión de su amante.

Los tiempos cambian pero quizás no tanto como pensamos.

PLENITUD

Un padre corre detrás de su hijo. Éste se gira sonriendo y continúa como poseído. El padre abre los brazos en señal de persecución. El pequeño se troncha de la risa. Echa sus manos a la barriga y se para porque no aguanta más. El padre le da caza poniendo una rodilla en el suelo y abrazándole con fuerza. El niño se vence sobre su progenitor, con la respiración entrecortada por el regocijo. En ese momento, el padre siente que no hay nada más en el mundo.

El hijo no concibe nada más.

ASILO

Juan permanecía sentado cada día delante de la ventana y miraba. Avistaba gente por la acera y coches por la calle. Observaba árboles plantados con altas ramas que llegaban más allá de la persiana. Escuchaba a un músico tocar con el saxo una triste canción de ciudad. Una ráfaga de aire silbaba contra el alfeizar y movía las pequeñas hojas de las plantas que había en el balcón. Unos niños pasaron jugando con una pelota para desaparecer por el otro lado. Un pájaro se posó en la baranda, y se acarició con el pico el plumaje del pecho. Pronto partió, aunque lanzó una mirada al interior de la cristalera. O eso le pareció a Juan.

Pronto vendrían a recogerle para darle de cenar.

HACIENDO COLA

Era casi la hora del comienzo de la sesión. Hacían fila en las taquillas desde hace un rato. Charlaban distraídos sin mucho afán. Apenas se miraban directamente, sino que más bien cubrían ángulos opuestos, como los detectores de movimiento. De pronto uno de ellos se quedó fijo en un punto. El otro giró la cabeza para observar unos preciosos zapatos de tacón. Comentó: – Estupendos zapatos-. A lo que su amigo, versado en ciencias, contestó: – Y no te digo de lo que hay a un metro en la vertical ascendente-. El primero, más de humanidades, rebatió: – es una acuarela de diva ejemplar-. El segundo: -como los números no son lo tuyo, voy a pedirle el teléfono mientras tú esbozas el lienzo-.

PLANES DE BODA

¿Algún médico en la sala? Así se conocieron, mientras le daba un infarto a su padre.

Empezando por el principio, diríamos que en un exótico crucero coincidieron una bien avenida  familia con una menos afortunada en términos económicos. El padre de la primera era un hombre de negocios con una preciosa hija para la que tenía ambiciosos planes. En cambio la segunda familia era de humildes trabajadores cuyo hijo manifestó una clara vocación médica desde la infancia.

Los planes del padre no se consumaron. Pero tuvo la suerte de poder agradecer a su yerno durante muchos años el haberle salvado la vida.

© Javier González Cantarell