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A renglón seguido

Los sucios corruptos se lavan las manos

Octubre 18, 2016
barcenas-gurtel

A partir del año 2008 de nuestra era, que es y sigue siendo, se acordó el Global Handwashing Day o lo que es lo mismo: el Día Mundial del Lavado de Manos. Estatutariamente uno de los impulsores de su salida al mercado de su anual convocatoria debería de haber sido a nivel local, por definición, el sindicato Manos Limpias; pero o no se enteró de la fundación de este movimiento o estaban demasiado ocupados en mancillar su imagen corporativa con jugosas y nutritivas extorsiones varias.

¡Y hay que ver lo que puede llegar a pringar el dinero! Cuando danzaba la histórica peseta, una vez puesto en circulación el famoso kilo de billetes de a mil, equivalente a un millón de ´rubias´, ganaba en peso: alrededor de un veinticinco por ciento, pasando a pesar unos mil doscientos cincuenta gramos. Lástima que no pudiera formar parte este extra de peso del valor facial, lo que sí que hubiera sido una inversión de alta rentabilidad.

Pero lo que pretende esta iniciativa es invertir en nuestra propia salud fomentando el ahorro en posibles enfermedades, fijando sus objetivos en la fidelización del público infantil y la concienciación del resto de ciudadanos. Los primeros pasos –lavado de manos- se deben dar antes y después de ingerir alimentos. Quienes nada tienen que llevarse a la boca disponen de más tiempo libre para usar el móvil, porque evitan ejecutar dicha operación de profilaxis.

Desolación de casos judiciales

El agua y el jabón son nuestros mejores aliados; si bien, algunos pensarán que, si aquélla es bendita, puede convertirse en una inconveniente forma de lavado de cerebro –véase pila bautismal-, y si se hace acompañar de los inevitables aduladores de ciertas orientaciones religiosas expertos en dar un seductor jabón a su recua de acólitos y a los cardúmenes de dubitativos vestidos de indecisión, tenemos el matrimonio perfecto para higienizarnos espiritualmente.

Atravesamos un vasto desierto de desolación por la cantidad de concurrentes a los diversos juicios orales que se nos ofrecen a diario, donde ciertos comparecientes se lavan las manos –tocaron la sucia pelota de la corrupción-, y echan balones fuera. Cuando estrechamos las vituperables manos de un sucio corrupto o de un delincuente sin conocer tal condición, una vez tenido contacto ¿sería el remedio más pertinente usar agua fuerte?

Cuando se mete la mano, sólo cabe cargar con la culpa y atenerse a los efectos que produce el poderoso, e insuficiente en algunos casos, desinfectante del Código Penal, que pretende, además de ilustrar los cuerpos de las sentencias, premiar el comportamiento de los culpables con la lejía del purificador castigo penitenciario; con mayor o menor porcentaje de hipoclorito condenatorio en función de su grado de infracción.

Si dos o más deportistas de la infracción se chocan las manos: ¿Se produce un voluntario intercambio de microorganismos patógenos a través del intercambio de billetes usados o una impredecible reacción de contaminación cruzada proveniente del frio sudor segregado ante la inminente y paciente actuación de la Justicia?

Paco de Domingo