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Los puntos cardinales

Los sindicatos, contra el capitalista Renzi

Noviembre 25, 2014

La recuperación que ansiaba la izquierda italiana con la llegada a la Presidencia del Consejo de Ministros de Matteo Renzi ha vuelto las cosas del revés, como si una enorme luna sobre las aguas del Tíber hubiese dado lugar a la mutación del bello en bestia. Al menos esa debe ser la opinión de la izquierda patanegra transalpina, que ya le ha declarado la guerra.

El primer aviso le llegó nítidamente al ex alcalde de Florencia el pasado día 14, fecha en la que sindicatos de bases y organizaciones de estudiantes de todo tipo se echaron a las calles de las principales ciudades de Italia. Sólo en Roma se convocaron diez movilizaciones de protesta en contra de lo que los convocantes entienden como una traición en toda regla a los principios que en origen encarnaba Renzi, la gran esperanza.

Justificar la forma de conseguir los objetivos

Uno de los errores que sus hasta ahora correligionarios no están dispuestos a perdonarle es que prevalezca el principio de que el fin de un gobernante puede justificar la forma como consiga sus objetivos, algo que, por otra, parte, ha sido una práctica tan florentina como el propio Renzi. Pero en su firme convicción de solucionar los innumerables problemas económicos del país con realismo y con el valor suficiente para coger el toro por los cuernos, el primer ministro se ha pasado de frenada.

A comienzos de mes, y al más puro estilo de las cenas de donantes de las campañas norteamericanas, Matteo Renzi solicitó ante una destacada representación de la industria y las finanzas milanesas el apoyo del capital a sus planes de reformas. A tal punto ha llegado la paranoia, ese mundo en blanco y enero en el que se ha convertido la estrategia política del Ejecutivo de Renzi, que no le temblará el pulso en su lucha contra las centrales sindicales para que sea efectivo el despido libre. Se ha producido un relativo paralelismo entre el desencanto de la calle italiana y los herederos del 15-M en nuestro país.

Señalar a los sindicatos

Si a estos se les sugirió que diesen voz a sus propuestas y alternativas a través de la política, Matteo Renzi no ha tenido empacho en señalarles con el dedo a los sindicatos dónde empiezan y dónde acaban sus atribuciones, insistiendo en que si pretenden alguna aportación al debate político deben despojarse de la camiseta sindical y presentarse con una candidatura al Parlamento. Como vemos, a diferencia de esa simbiosis tradicional que en España tuvo el PSOE con UGT, muy mermada hoy por los escándalos en Andalucía, Renzi aspira a que el Partido Democrático, que aglutina a una izquierda variopinta, levante el vuelo por sí solo, sin lastres ni hipotecas históricas sindicales.

No es el primer gobernante europeo que actúa de ese modo. En el Reino Unido, Tony Blair también se esforzó en despojar al Partido Laborista de toda rémora sindical, como también lo hizo su sucesor, Gordon Brown y, más recientemente, Ed Miliband. En Francia, el primer ministro, Manuel Valls, ha planteado incluso una reforma en profundidad de los valores tradicionales del socialismo galo y ha sacado adelante unos presupuestos pasados previamente por la podadora. No obstante, de todos los referentes de la izquierda europea, sólo Renzi parece hacer iniciado abiertamente el periodo de hostilidades con los movimientos sindicales. La fecha clave será el viernes de la próxima semana, momento en el que el primer ministro se asomará temprano a la ventana para comprobar si Italia entera se paraliza por una huelga general.  

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.