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A renglón seguido

Los reyes de copas del rey

Junio 8, 2015

Hasta que, en un alarde de creatividad, alguien tan o más evolucionado que nuestro inicial troglodita descubrió que, con un simple gesto de flexión lingual o labial, o bien ayudado de sus dedos o adminículo dispuesto de conveniente forma en el orificio que alimenta los de salida, era capaz de emitir sonidos mejor o peor conjugados y más o menos amables; algunos con rango de calidad pautada y con ritmo inofensivo para nuestras delicadas membranas auditivas; otros, menos afortunados, concebidos para reprochar o afear determinadas conductas y manifestaciones surgidas de la convivencia con nuestros imperfectos vecinos.

Coreografías musicales

Uno de los métodos descritos ha sido puesto en escena en el último enfrentamiento –mal empezamos- habido entre vascos y catalanes, donde se dirimía la supremacía futbolística en materia de copas. Pero no las figurativas de los naipes que en ocasiones arrastran pasiones; tampoco las que forman parte de nuestra cultura del arraigado electrizante y continuado alterne; ni siquiera las inalcanzables cimas, “como la de un pino”, que culminan la foresta. Me refiero, a las que se obtienen a través de la pugna entre dos contendientes en calzón corto en pos del balón intentando deformar las mallas del once contrincante.

La musical manifestación vertida, aunque poco divertida, en los prolegómenos del comienzo del rodaje de balón en la final de la Copa del Rey última disputada por los “reyes de copas”, que ya venía precedida por dos coreografías anteriores en los años 2009 y 2012, ha levantado una polvareda de ampollas con purulentas críticas encontradas.

Pitos afinados

El sonido coral con que fue recibido el Himno nacional, de alrededor de un minuto de duración, resultó ser de un alto contenido en contaminación acústica para un sector de los comparecientes: autoridades, aficionados, personal laboral y jugadores. Pero para los improvisados –hay quien mantiene que fue una protesta organizada- unitónicos ejecutores seguro que no resultó molesta ni extemporánea la monocorde pieza.

Una buena colección de pitos, silbatos, chiflos (incluida la celular telefonía) fueron afinados para enmascarar y hacer imposible la audición de la composición oficial, deviniendo en un improvisado himnario de reprobable gusto; si bien, unos lo defienden (sardónico Más a más no poder), y otros lo condenan (Gobierno, Instituciones, ciudadanos…). Los primeros apoyándose en la intangible e imprescindible libertad de expresión, a la que La Audiencia Nacional –Santiago Pedraz– ya dio su respaldo de incuestionable legalidad en el 2009 ante hechos similares. Los segundos sustentando la idea de “intolerancia y ofensa” a los españoles por la falta de respeto a los símbolos y a la figura del Rey (presente en el palco de autoridades del recinto).

Sin comunicación de Zarzuela

Con inusitada celeridad, se reunió la Comisión Antiviolencia a la busca y captura de los responsables de tamaña irresponsabilidad intentando identificar a los autores de tan sonada pitada, no tardando en darse cuenta de que la papeleta de localización física y el alumbramiento intelectual de los urdidores de esta forma de expresión popular, podía ser de improbable prosperidad.

Echase en falta alguna comunicación de Zarzuela valorando la sonora aclamación. Carecerán de un razonable recuento de los chifláuticos participantes, que cargaron sus melódicas tintas en la dedicatoria dirigida, posiblemente, hacia él o la Corona, con lo que la silbatoria exaltación de los jaleadores de las gradas quedaría diluida en una nebulosa de persecutorios palos de ciego.  

Un felino en demagogia

Queda claro que está oscuro el señalamiento de todos los elementos que han concurrido en esta situación, y se intenta localizar a través de la fiscalía, policía y grabaciones el foco de infección para diagnosticar el verdadero alcance del problema, y así ultimar la prescripción de la sanción hipocrático-administrativa –doctores, al parecer, tiene la Santa Madre Iglesia de la Comisión- y la posología punitiva, además de la duración del tratamiento en el tiempo del castigo.

<p align=”justify”>De momento, el visionario Ministro de Justicia, el madrileño Catalá, hace hincapié en las patadas a “las libertades de expresión”, que “tienen límites”, y él parece dispuesto a ponerle el cascabel de las fronteras a este particular gato. Todo un felino de la demagogia.

Paco de Domingo