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¡Qué fuerte!

Los puños y los insultos tienen nombre de mujer

Noviembre 24, 2011

El 80% de los jóvenes de entre 14 y 18 años piensan que, en una relación de pareja, la chica “debe complacer” al chicoy éste tiene la obligación de protegerla, según un estudio elaborado por la Federación de Mujeres Progresistas. El 60% considera que una mujer se realiza cuando tiene novio. Los chicos se definen como valientes y agresivos y las chicas como tiernas y comprensivas. Para ambos, esto es lo normal así que, como ellas son tiernas y comprensivas y tienen el deber de complacer al chico, si un día no lo hacen, asumirán sin problema la agresividad de ellos.

Salen estos escalofriantes datos justo el Día Contra la Violencia de Género. Esta sociedad que tanto critica y lucha por erradicar esta lacra que es el maltrato, es la misma que está educando a unos adolescentes justo en lo contrario; en la superioridad de uno sobre otro, en el sometimiento de la otra persona, en la denigración y en la humillación y falta de respeto hacia la mujer.

Influencias negativas

La escuela, la familia, los medios de comunicación, el círculo de amistades, todo influye para que estos adolescentes piensen así. ¿Qué estamos haciendo mal? Parece que volvemos de repente a la época del hombre de Cromagnon, eso sí, con iPad en lugar de porra. El maltrato no tiene edad, ni época, ni tiempo. Tampoco se ubica en un lugar concreto, ni pertenece a una raza o a una ideología política o creencia religiosa. Es algo que ha estado siempre ahí y amenaza con quedarse mucho tiempo.

Una tarde más, María teme la llegada de José. Empieza a ponerse nerviosa. Le tiemblan las manos. El corazón se le acelera. Todavía no se le ha curado el moratón del brazo izquierdo de la última vez.

En otro lugar, Carmen tiene la cabeza agachada porque Juan le está diciendo que no vale para nada, que para una cosa que tiene que hacer y la hace mal y no para de insultarla.

Rosa abraza a su hijo Manuel porque éste acaba de oír como su padre amenazaba a su madre de muerte y el niño no para de llorar tras el portazo.

Cristina tiene que soportar que Luis la humille cada vez que se junta con sus amigos porque él estudió una carrera y ella es una “simple dependienta”.

Probablemente, esta mañana, Laura se haya dado la vuelta justo cuando estaba a punto de salir de casa porque a Carlos no le gustaba la blusa con escote que se había puesto y ha tenido que cambiarse.

También esta misma mañana, Julia ha tenido que ponerse doble capa de maquillaje para disimular el supuesto golpe que se dio, tontamente, con una puerta anoche al irse a dormir.

En algún lugar hay una María, Carmen, Rosa, Cristina, Laura y Julia que han dado el paso y han denunciado. Y en algún otro lugar hay una Paula, Lucía, Raquel, Nieves y Marta que, a la primera muestra de superioridad, desprecio, falta de respeto o humillación por parte de un hombre, se ha dado la vuelta, le ha dado la espalda y se ha alejado dejándolo con su miseria. No se trata de feminismo, sino de una cuestión de respeto de un ser humano hacia otro, nada más, así de fácil.

Rosana Güiza