Menú Portada
No me moverán

Los políticos destrozaron la Banca

Octubre 1, 2012

La auditora Oliver Wyman ha detectado un agujero de 186.100 millones de euros en la Banca española debido a errores en su actividad inmobiliaria: 91.700 por créditos a promotores de dudoso crédito, 24.700 por hipotecas que no se cobrarán y 55.500 de activos inmobiliarios que no se recuperarán. Es el resultado de una gestión desastrosa a la hora de conceder créditos. De ellos una gran parte se concentran en BANKIA, NCG Banco, Banco de Valencia y Cataluña Bank; es decir, entidades, ahora nacionalizadas, que dependían en gran parte de gestores de extracción política.

Los Consejos de Administración de estos Bancos, o las Cajas de Ahorro que les dieron origen, eran, en muchos casos, el premio por los servicios prestados, el cementerio de elefantes de políticos jubilados o, cuando no, el fruto de una amistad bien cocinada. Estos parvenues (recién llegados), que diría un francés, se olvidaron de dos máximas bancarias.

La avaricia rompió el saco

La primera, me la enseñó D. Rafael Termes, presidente que fue de la Asociación de Banca española y compañero de claustro en el IESE. La máxima dice así: “La Banca de Retail es un negocio básicamente aburrido y ¡Ay! Si deja de serlo”. Con ello, el viejo banquero, me quería decir que es una actividad en la que más valen muchos créditos con un poco de margen cada uno, que un crédito con un gran margen. Es una cuestión de diversificar el riesgo. Las operaciones espectaculares, las divertidas, pueden llevar al traste toda una entidad si fallan.

Esto les pasó a los nuevos banqueros.  Se dejaron llevar por la avaricia e invirtieron en la promoción inmobiliaria. No sólo en créditos; entraron también como socios en las sociedades promotoras. A veces, incluso, sobre solares cuyos vendedores tenían relación directa con los consejeros de Cajas de Ahorro o sus directivos. Algo sobre cuya ética profesional y legalidad se podría dudar. Buscaron operaciones especulativas, divertidas, para mayor lucro de la entidad y, quizás, de ellos mismos.

La segunda máxima: no poner dinero bueno, sobre dinero malo

La segunda máxima es: “No poner dinero bueno, sobre dinero malo”; es decir, no intentar solucionar un crédito de dudoso cobro, dando otro, con dinero fresco, para refinanciarlo y aplazar el problema. Tampoco los nuevos banqueros hicieron caso de este sabio consejo. Al contrario, una vez empezó la debacle inmobiliaria se dedicaron a refinanciar los créditos morosos para lanzar la pelota adelante y ocultar pérdidas. Con ello crearon un efecto Bola de Nieve. Las pérdidas se fueron agrandando. Así se llegó a la situación de la Banca en 2011. Debido a que estaba atrapada poniendo dinero bueno sobre dinero malo, dejó de dar créditos y obtener beneficios en operaciones normales, obligó a cerrar muchas empresas, generó desempleo y bloqueó la economía.

Lo hicieron todas las entidades bancarias. Sin embargo, las grandes o las más profesionales, como Bankinter, seguían teniendo una buena parte de sus operaciones en el tráfico normal: créditos a empresas no inmobiliarias, al consumo o hipotecas a particulares. Así su riesgo estaba más o menos diversificado.

Los políticos destrozaron la Banca y crearon las preferentes

Los políticos destrozaron la Banca. Los políticos en las Cajas de Ahorro y el Político con Mayúsculas en el Banco de España: Miguel Ángel Fernández Ordoñez, más conocido por MAFO. El Gobernador del Organismo regulador no pudo, no supo o no quiso llamar la atención o cesar a los banqueros que operaban peligrosamente. Es más, les dejó emitir las llamadas Preferentes.

Las Preferentes son acciones y, por tanto, inversiones a perpetuidad. Su ventaja sería que en caso de que la entidad emisora diera beneficios cobrarían un dividendo antes que cualquier otro reparto. También se podrían vender en el mercado bursátil. Hasta ahí nada que reprochar a sus inventores. Sin embargo, su comercialización se hizo con dudosos argumentos. En realidad, muchos clientes que confiaban en sus “amigos” los directores de oficina, creían que eran una especie de bonos garantizados de alta rentabilidad. Ahora se encuentran con que al no haber beneficios, no cobran los dividendos, que ellos creían intereses, y además su valor en el mercado bursátil es nulo. De ahí su enfado.

De manera que los políticos no sólo destrozaron la Banca. También arruinaron a pequeños ahorradores ¿Pagarán algo por ello y no sólo cesando en sus cómodos sillones del Consejo de Administración?

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE. Director del Executive MBA, Madrid