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Mi Tribuna

Los (otros) titiriteros nos manejan como a marionetas

Febrero 15, 2016
celia mayer

Solo una pregunta: ¿qué consecuencias habría tenido todo este lío de los titiriteros de Madrid si se hubiera producido durante el mandato como alcaldesa de Ana Botella? Consecuencias políticas y mediáticas, por supuesto, porque toda la maquinaria de comunicación de los que gobiernan ahora en el Ayuntamiento estaría a pleno rendimiento para criticar hasta el hostigamiento una actuación a todas luces impresentable. Lo triste es que, hoy, no pasa nada. Hemos convertido en mártires a los artistas que salen arropados de la prisión como auténticos héroes asustados de la magnitud dimensional que ha tomado su actuación. Total, “no era para tanto”.

Nos estamos metiendo en una dinámica muy peligrosa. Padecemos una escandalosa manipulación de la información política que llega sesgada en forma de interpretaciones banales, manejando un guiñol en el que las marionetas somos nosotros porque los (otros) titiriteros han tomado el mando de la situación hasta el punto de programar no solo funciones ofensivas con loas a ETA delante de niños, sino que organizan futuros gobiernos tratando de imponer un nuevo orden desde la dictadura de la complacencia que les ampara.

Lo de Madrid es demasiado. No solo porque se permita una fuga en la programación cultural de los carnavales con contenidos absolutamente inapropiados. Es demasiado por la reacción posterior de una alcaldesa que ni está ni se la espera porque se limita a despachar el asunto a golpe de rueda de prensa justificativa en lugar de asumir la decisión más lógica de expulsar de manera inmediata a su concejala de Cultura, Celia Mayer. Es como la historia con los tuits de Zapata. Es cierto, aquí ya no pasa nada, salvo que la acción venga de enfrente. Repito: ¿se imaginan todo esto con Ana Botella de alcaldesa?

El ejemplo de Madrid para España

El PSOE quiere gobernar España y no duda en mirar hacia las filas de Podemos, aunque estos hayan iniciado la operación de humillación socialista marcando las líneas de actuación e incluso nombrando ministros por anticipado. El pacto que busca el PSOE es una réplica de lo que ocurre en Madrid. De Carmona a Carmena para impedir que gobierne el PP como fuerza más votada y ahí tenemos los resultados. Si el ejemplo de Madrid sirve para imaginarnos lo que nos espera con esta alianza traspasada al resto de España, no es de extrañar que se disparen los índices de desconfianza económica e incluso moral.

Madrid es el motor de España pero también es el motor del miedo. La concejala Mayer acumula desastre tras desastre porque es el espejo de estos nuevos políticos sin escrúpulos para asumir errores. Con el caso de la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica ha cerrado el círculo del ridículo, pero también ha abierto una exposición de altanería: ni dimite ni la alcaldesa le obliga a dimitir ni el PSOE, como partido que sujeta a esta marca blanca de Podemos, actúa para cortar esta hemorragia política.

Es probable que nos quedemos con los signos y eso de la mano que evita Rajoy hacia Sánchez. Hace tiempo que el presidente en funciones está completamente fuera de onda y parece participar en el juego de la investidura como si fuera una ficha del tablero que se mueve a impulsos. El PP está lastrado por su líder, incapaz de asumir que debe dar un paso al lado, totalmente empecinado en su propuesta. Pero el PSOE tiene en Pedro Sánchez un auténtico callejón sin salida porque, en cualquier planteamiento, posee todas las papeletas para salir trasquilado.

Nadie conoce las respuestas para aclarar el entuerto en el que estamos, por mucho que tengamos proceso de investidura a la vista. Mientras tanto, el guiñol sigue en marcha y los titiriteros mueven los hilos al antojo de sus intereses. Si el ‘gora ALKA ETA’ se hubiera exhibido en tiempos de Botella, le habrían pedido hasta el destierro. Pero como nos tratan como a marionetas, el acusado se convierte en acusador porque la mejor defensa es un buen ataque, aunque sea atacar a los principios más esenciales de la democracia o a las víctimas del terrorismo. Y no, no se puede disfrazar todo en eso de la libertad de expresión. Las cosas tienen un límite, aunque los límites también sean interpretables.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68