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El mayordomo

Los otros 5 Mandamientos del Caballero

Enero 13, 2012

Terminamos de completar la lista, siempre en clave de humor, de esas normas de obligada observancia para cualquier señor que además quiera ser considerado como caballero


Si la semana pasada establecíamos esas cinco primeras normas de obligada observancia para que Jeeves pudiera considerarnos como unos perfectos caballeros, hoy queremos completarlas con otras no menos importantes y de esta forma cerrar nuestro decálogo de las buenas maneras del caballero. 

Sin embargo, este número tan taxativo de consejos no debe ser considerado como númerus clausus y seguro que entre todos podríamos añadir una interminable lista de recomendaciones que bien completarían los diez puntos que entre la semana pasada y esta Jeeves nos ha traído a estas páginas. 

6. Que nadie te recuerde por vestir unos zapatos de cocodrilo 

Si no eres rapero Eminem, el mismísimo Cocodrilo Dundee o el último constructor que acaba de llegar a la Costa del Sol con su Porsche Cayenne con seguridad encontrarás otras opciones más elegantes y mucho menos llamativas que unos zapatos de piel de cocodrilo. 

La elegancia es discreción y sencillez y definitivamente no parece que unos zapatos confeccionados con este tipo de piel obedezcan a ninguna de estas dos de estas pautas. ¡Y por si esto fuera poco además están totalmente pasados de moda!. 

7. Una cosa es cuidarse y otra muy diferente depilarse 

Una de las cosas que la ley de igualdad de género todavía no ha cambiado es que ellas se depilan y nosotros nos afeitamos. Así ha sido a lo largo de la historia más reciente y así pensamos que debería seguir siendo por otros muchos años más. 

Si no eres un deportista de élite no parece que sea muy estético que te depiles el pecho. Atrás quedó, afortunadamente, la época de los metrosexuales y de aquellos que pensaban que el torso de un niño es más varonil que el de un hombre. 

Como seguidor de la saga 007 no me importa reconocer que desde que el nuevo agente secreto aparece depilado en la gran pantalla, aquellas películas de Sean Connery o Roger Moore cobran, si cabe, más valor e importancia. O como decía un conocido crítico de cine inglés: en las últimas películas de James Bond sobra fantasía y falta pelo. Y eso que todavía por aquel entonces Bardem no había hecho su aparición… 

8. Dime que no eras tú el que llevaba esa sombrilla y esa enorme nevera a la playa 

Con la llegada del verano cada vez más caballeros se plantean su destino de vacaciones. Si bien no mucho tiempo atrás era posible encontrar alguna cala o alguna playa en la geografía nacional alejada del intrépido turista de camiseta y de la pulsera del “todo incluido”, hoy esto es ya prácticamente imposible de no viajar fuera de fechas. 

Si semejante personaje hace que la montaña cada vez se presente como una opción más real tampoco la señora que acude armada con su enorme sombrilla, su no menos pequeña nevera y su maxi bolsa repleta de productos solares es aliciente alguno para quedarnos en una de las playas de nuestra península. 

9. Si alguien te recibe en unas Nordika´s te has equivocado, a quien buscabas es al vecino de enfrente 

Hace ya más de dos años que en nuestro empeño de intentar deslumbrar a ese perfecto caballero apuntábamos que si por equivocación molestábamos a un señor en la tranquilidad de su hogar y nos abría la puerta vestido en ropa de casa pero sí con la elegancia de si esperase nuestra visita, se trataría además de un señor también seguramente de todo un caballero. 

Por el contrario, si quien nos recibe es un señor enfundado en unas zapatillas tipo Nordika´s, con seguridad esta vez sí que os habremos equivocado de timbre. 

Al caballero se le suele identificar en las situaciones más corrientes. Una mañana en la cola del pan, una tarde de compras o en su casa leyendo un libro mientras saborea un vaso de un buen whisky son esas situaciones que hablan de la elegancia innata de cada uno de nosotros. Porque efectivamente son esos momentos en que solo nos vestimos para nosotros mismos los que más dicen de nuestra forma de ser y nuestro gusto por ciertas liturgias. 

10. Los bañadores tipo tanga solo los debería vestir Tarzán 

Si no eres ni Domenico Dolce ni Stefano Gabbana y consecuentemente tienes algo de sentido del ridículo, los bañadores tipo slip, y por supuesto también los tipo tanga, solo los deberías haber visto sobre el cuerpo del gran Tarzán o, en su defecto, sobre el de los componentes del equipo olímpico de tu país de natación. 

Cuando llega el verano y uno tiene que compartir su pasaje con ese intrépido turista que con unas bermudas y unas Havaianas (con seguridad de continuar con nuestra lista estas sería nuestra norma 11 a evitar) se sube al avión, uno solo puede pensar que es precisamente ese bañador paquetero el que transporta su maleta. 

Jeeves 

elmayordomo@extraconfidencial.com