Menú Portada
El mayordomo

Los Oscars: luces y sombras

Marzo 14, 2010

Hace tres semanas publicábamos en esta página un análisis de lo que nosotros considerábamos había sido la gala de los Goya. La pasada semana tuvimos la oportunidad de ser testigos de la noche que es considerada como la máxima expresión del glamour y la elegancia: la noche de los Oscars de Hollywood.

Si bien, como ocurre en todo acto social donde el glamour sea uno de los principales protagonistas, en la gala de los Oscars pudimos encontrar varios caballeros cuyos atuendos eran poco acertados para un evento tan importante.

A pesar de esto, es de agradecer después del esperpéntico espectáculo que nos brindaron nuestros actores en los Goya, que todavía haya actores que conozcan la importancia de cumplir con el protocolo y vestir acorde a las circunstancias. Independientemente de que cada caballero tenga un estilo y una forma de vestir que de alguna manera a todos nos identifica, no ocurre nada por dejar de lado durante unas horas nuestros gustos personales y acomodarnos a lo establecido y requerido por el evento al cual hemos sido invitados.

No seré yo tampoco quien recomiende copiar los conjuntos que ese día vimos cuando necesitemos de un esmoquin. Pero sí, sin embargo, no existe reparo en afirmar que el nivel de los asisitentes a los Oscars fue muy superior al que nuestros actores nos brindaron en la gala de los Goya.

Para empezar, no recuerdo haber visto a nadie en la ceremonia de los Oscar que vistiera vaqueros como sí lo hicieron en los Goya Oscar Lozano o Eduardo Noriega. Tampoco recuerdo haberme asustado con simulacros de chaquetas de esmoquin de colores rosas o grises a cuadros similares a las que observamos en la alfombra roja española.

Sin ser tampoco objeto de nuestro artículo de esta semana el estudio de los conjuntos de las damas, debemos reconocer que por el bien de los Oscars, David Delfín y su “amarillenta” musa Bimba Bosé estuvieron ausentes en tan importante evento.

Nuestra oscarizada Penélope Cruz se decantó por un vestido de Donna Karan cuyos amplios y numerosos pliegues hicieron de su físico un cuerpo grueso y hasta en cierta medida de apariencia basta.

Por el contrario, Demi Moore quien se decantó por un vestido de Versace donde los pliegues también fueron los protagonistas consiguió un resultado mucho más favorecedor y elegante que el del vestido de Penélope. Fue igualmente una pena no poder deleitarnos con el pelo suelto de Penélope ya que optó por recogerlo comprometiendo la belleza natural de su rostro.

No obstante, después de ver los vestidos de Mo´Nique y de Maggie Gyllenhaal, nuestra actriz de Alcobendas no fue, ni mucho menos, la menos afortunada.

Sí, por el contrario, su novio y también actor Javier Bardem, fue una vez más todo un despropósito vistiendo. Por mucho que se empeñe tanto él como sus colegas Antonio Banderas o James Cameron, el esmoquin se diferencia de un traje normal porque, entre otras cosas, debe ser acompañado de una pajarita y no de una corbata. Tampoco hubiera estado de más que por mero respeto a la noche de Hollywood, Javier Bardem se hubiera afeitado o, al menos, arreglado esa destartalada barba de tres días.

Si hubo un caballero que defraudó ese fue sin lugar a dudas George Clooney. Clooney escogió un esmoquin de Armani que le quedaba grande de mangas, de hombros y enormemente largo de pantalón. Tampoco el corte de la chaqueta y esas feas solapas estuvieron a la altura de su elegante y bella compañera Elisabetta Canalis. Alguien a quien en un tiempo no muy lejano se le llegó a señalar como el heredero natural de Cary Grant, no puede permitirse vestir de confección y mucho menos hacerlo de una forma tan poco acertada.

Si en la gala de los Goya resultaba francamente difícil escoger a algún caballero como ejemplo de buen vestir y nos limitabamos a nombrar a aquellos que cumplieron simplemente con el protocolo del evento, en la noche de Hollywood sí vimos, al menos, a dos caballeros que nos hicieron quitarnos el sombrero.

En primer lugar, debemos nombrar a Tom Ford. Tom Ford es hoy por hoy el diseñador de referencia en moda masculina. Ford ha sabido como nadie imprimir estilo al atuendo y corte inglés. Esto que se puede observar en su última colección de chaquetas también pudo ser apreciado en el esmoquin que él mismo lució en los Oscars.

El corte de ese esmoquin es el mejor alegato que se puede hacer del verdadero bespoke. La hechura de esa chaqueta solo está al alcance de las mejores tijeras mundiales. Esos hombros, esa caída, ese cierre, ese cuello, esas solapas, ese frontal, la longitud y anchura de las mangas etc. demuestran una vez más que solo la sastrería a medida es capaz de conseguir deleitarnos con semejante resultado.

Como es norma en todo señor elegante, Tom Ford acompañó al bolsillo de su esmoquin de un pañuelo blanco (¡a qué esperamos para admitir que los bolsillos de las chaquetas se cosieron a estas para ser acompañadas de un pañuelo!). Si a este hecho añadimos que Tom Ford se decantó por un complemento prácticamente desaparecido hoy en día como es la flor en el ojal de la chaqueta no nos queda más que nombrarle el caballero más elegante de la velada. Quizás la única pega que le podamos poner fuera el tamaño excesivo de su pajarita; marca de la casa.

No quiero terminar el artículo de esta semana sin hacer una mención especial al actor Peter Sarsgaard quien escogió para su esmoquin un chaleco cruzado de precioso corte . Es precisamente el chaleco lo que nos permite no cerrarnos la chaqueta. Si no optamos ni por chaleco ni por el fajín, la chaqueta siempre que se esté de pie debería mantenerse abotonada; algo que desgraciadamente y tras ver los Oscars parece ser desconocido por sus actores.

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com