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¡Qué fuerte!

Los niños rehenes del desamor

Abril 28, 2011

Una sentencia del Tribunal Supremo establece que las parejas divorciadas deben pagar la hipoteca a medias y no en función del sueldo. Las generalidades no son justas la mayoría de las veces y esto lo es, ya que no se tiene en cuenta la situación económica de cada uno y, tal y como está la economía familiar, es una generalización algo peligrosa. Aunque es coherente, correcta y lógica esta sentencia, también es verdad que sería más justa si el hombre y la mujer cobraran exactamente lo mismo y si durante el matrimonio, los dos hubieran contribuido con la misma cantidad a dicha hipoteca. Entonces si que es normal que, una vez divorciados, ambos sigan pagando lo mismo que durante el matrimonio.

A pesar de ser una sentencia equilibrada para la igualdad tan ansiada y solicitada, no hace más que favorecer el ambiente hostil que, normalmente, se palpa entre las parejas divorciadas, ya que normalmente es la mujer la que sale favorecida en los casos de divorcio y ahora el favoritismo queda en el olvido. Hay divorciados de todos los casos y maneras posibles; los hay que, una vez separados, a los tres meses -sí, a los tres-, cada uno vive con otra persona y quedan juntos a cenar los cuatro como amigos de toda la vida. Este es el caso más raro e ideal. Luego están los que no pueden ni verse y hacen cada uno la vida por su lado sin saber más del otro, que tampoco es mala opción.

Pero lo peor es cuando hay niños por medio. Aquí la cosa cambia y, aunque con el tiempo, son muchos los que se dan cuenta de que lo mejor es llevarse correctamente por el bien del menor, los hay cafres que utilizan a los hijos como mercancía y manera de pago de los errores del otro y trafican con ellos para hacer daño al que un día quisieron con locura y le juraron amor eterno. Así es la vida.

Las mujeres nos llevamos la palma

Los hijos se han convertido en el arma de fuego contra el que abandona. Cuando uno no acepta que el otro ha dejado de quererle o que se ha enamorado de otro, que al fin y al cabo es lo mismo, utiliza al hijo para fastidiar y joderle la vida al contrario. En este caso somos las mujeres las que nos llevamos la palma, por desgracia. En la mayoría de casos que conozco, es la mujer la que, dolida y en un ataque de desesperación, trafica con el hijo: no deja al padre que lo vea cuando quiera, no se pone de acuerdo para cerrar un régimen de visitas, juega con los sentimientos del hombre y la necesidad que siente por su hijo para machacarlo hasta límites insospechados… Incluso las hay tan malas que llegan a denunciar unos malos tratos inexistentes como venganza por el abandono del amor hacia ellas.

Este tipo de mujeres no se dan cuenta que los hijos son de los dos, no sólo de ellas y que, sin el hombre, ellas no los hubieran podido tener. No se dan cuenta que lo único que consiguen con esa actitud vengativa es hacer daño a los de siempre, a los más inocentes, a los que siempre salen perdiendo con esto: los hijos. Porque después de una separación, los niños necesitan tanto de su madre como de su padre. Es una pena que haya adultos que no lo entiendan, por el bien de los pequeños, y que los utilicen como rehenes. Suelen ser mujeres, sí, con sed de venganza, dolidas, incoherentes, egoístas y malas, porque hay que ser malo para hacerle daño al que menos culpa tiene de los errores de los mayores.

Que cambien los padres de domicilio

Podía este Tribunal dictar también una sentencia en la que se obligara a los padres a ser ellos los que cambien de domicilio cada vez que al niño le toca con un progenitor diferente. No sería mala idea porque los pobres andan con maletas para arriba y para abajo cada vez que le toca irse con el padre, volver con la madre, vacaciones con uno y con otro, fines de semana aquí, luego allá… y siempre le toca a la pobre criatura.

Los mayores somos tan egoístas que no pensamos ni siquiera en lo que se supone que es lo que más queremos, nuestros propios hijos, y dejamos que la rabia y la sed de venganza nos domine. Si dejáramos de pensar sólo en nosotros y pensáramos un poquito más en los demás, les haríamos más fácil y feliz la vida a los más indefensos e inocentes.

Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com