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¡Qué fuerte!

Los maniquíes anoréxicos

Diciembre 10, 2015
maniquies

Eso de que “quien la sigue la consigue” es tan cierto como que Anna Riera ha logrado su objetivo. Esta joven de 17 años pasó un día por delante de un escaparate y vio que sus maniquíes eran extremadamente delgados e irreales. Alarmada ante ellos, se puso manos a la obra, abrió una de esas cuentas para conseguir firmas y ha logrado, con cien mil, que la tienda retire los maniquíes anoréxicos. Es curioso porque, normalmente, cuando entras a esas tiendas, la ropa que más cuesta encontrar es la de las tallas L y XL. En cambio, las S hay hasta debajo de las piedras. Será porque son las tallas normales, -que no grandes- las que más se venden y por eso cuesta más encontrarlas, a diferencia de las mini tallas que están por todos lados para recordarte constantemente que no entras en sus costuras. La tienda justifica que eran maniquíes antiguos y pide disculpas. Bueno, vale. Pero si no llega a ser por Anna, ahí seguirían, ante los ojos de las más débiles haciéndoles ver lo gordas que están.

“Gorda”. ¡Hay que ver cómo gusta este insulto! Entre mujeres es el más cruel. Se llena la boca, al igual que las carnes, cuando una llama gorda a otra. Seguramente la que insulta tenga muchísimos más defectos que la insultada, -porque cuando uno insulta es porque es un infeliz que ocupa su vida con los demás en vez de dedicarse a la suya-, o puede que la insultante lleve una vida sacrificada y amargada evitando el placer de comer para estar bien. Pero, ¿qué es estar bien? Nadie es perfecto. Hay gente fea con buen cuerpo, guapa con mal cuerpo, y ambas cosas juntas. Si te pilla lo feo y mal cuerpo, no eres peor persona, ni mejor, y siempre hay un roto para un descosido. Si te pilla lo bueno, guapo y buen cuerpo, a veces no sirve de nada porque se tienen otros defectos personales que nublan la belleza exterior.

El qué dirán

Vivimos en una sociedad que se deja llevar por el qué dirán y por los mitos y criticamos lo que supuestamente no es bello, pero a la vez nos metemos con las mujeres guapas y delgadas. ¿En qué quedamos? Nos encanta insultar a nuestra enemiga llamándola gorda y cuando vemos a una guapa y delgada también la insultamos con el mismo adjetivo, como le ocurre a la espectacular Cristina Pedroche, por ejemplo. Y si no, buscamos otro defecto o lo inventamos para dejar mal a esa persona sea como sea. Fundamentalmente eso se llama envidia o que las cabezas no están bien.

Cuando pasan los años te vas dando cuenta de que el verdadero valor de las personas está en su inteligencia y en su manera de ser y que, más gordo o más delgado, el tiempo pasa para todos y a todos nos saldrán arrugas, canas y tendremos flacidez. Pero esta explicación no sirve para esas adolescentes obsesionadas con cuerpos esqueléticos. Por eso hay quien debería cuidar y estar pendiente de esas imágenes de mujeres irreales que vemos en escaparates, en anuncios de televisión, en portadas de revistas o en las redes sociales. Las marcas son responsables de esto. Si hubiera más anuncios como, por ejemplo, aquel que hizo el gel de ducha Dove con mujeres reales, la sociedad estaría menos preocupada por la delgadez y más por ser feliz.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com