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Los puntos cardinales

Los lujos de Wulff enrollan la “correa” al cuello de Merkel

Febrero 21, 2012

Los hechos recientes le están enseñando a Ángela Merkel lo ingrata que puede llegar a ser la política. Una buena lección la encontramos en la experiencia de Mijail Gorbachov, quien por cierto pasa temporadas en su piso de Berlín. Al artífice de la perestroika se le quería en todo el mundo, pero dentro de su casa no cosechaba esa veneración exterior. Y a Merkel le está empezando a pasar algo parecido.

Erigida en verdadero coloso de Europa, su mano marca los tiempos y las exigencias al resto de socios comunitarios. Sin embargo, como es muy fácil que cualquiera tenga un fantasma dentro del armario, la canciller padece las consecuencias de su “gürtel” particular. Ya saben que aquí, en nuestro país, los investigadores bautizaron la trama con esa palabra alemana que se traduce por cinturón o “correa”, en referencia al apellido de su principal cerebro.

Aprovecharse de la institución

Ahora Merkel tiene que hacer frente al vidrioso caso del ya ex presidente federal, Christian Wulff, un tipo bastante inclinado a recibir regalos y atenciones de empresarios a los que posteriormente compensaba con favores ante el fisco y adjudicaciones de contratos públicos. La Jefatura del Estado alemán es un cargo sin relevancia política porque las tareas ejecutivas las ejerce la Cancillería, aunque sí atesora un enorme poder de influencia y convicción.

Así que, en menos de dos años, Wulff ha aprovechado la institución para satisfacer -sin cortarse-, su afición a la buena vida, complaciendo en justa reciprocidad a quienes, tras hacerle receptor de detalles valiosos, se interesaban abiertamente por cómo iba lo suyo. Y en esto, los ciudadanos alemanes son inexorables y abominan de cualquier uso abusivo del puesto para beneficio propio o de los amigotes.

Wulff, tan codicioso como torpe

Christian Wulff
ha demostrado ser tan codicioso como torpe, porque sólo a él se le habría ocurrido presionar al director del rotativo Bild Zeitung con mensajes en su buzón de voz, porque fue precisamente el sensacionalista Bild el que levantó la liebre de los apaños de Wulff. Como colega, que sana envidia da ponerse en el papel del periodista que investiga a una personalidad y que encuentra que su objetivo, el investigado, entra solito en la trampa cual cangrejo en retel.

Merkel se encabezonó con su correligionario democristiano y forzó la maquinaria para colocarlo al frente de la Presidencia Federal, ignorando el nombre de Joachim Gauck, la alternativa propuesta por la oposición socialdemócrata.

Como la canciller, Gauck se crió en ese otro mundo que era la RDA. Su familia padeció en carne propia las prácticas depurativas del estalinismo, vivencias que forjaron en él el carácter de un verdadero defensor de la disidencia pacífica, una suerte de Luther King germano educado, además, en la seriedad rigurosa de la teología protestante.

El próximo día 18 de marzo, la Asamblea Federal respaldará abrumadoramente a Joachim Gauck, sin filiación política alguna y avalado por su pasado y por su impecable prestigio; es decir, Ángela Merkel se tendrá que tragar el sapo, después del escándalo de su protegido Wulff.

Las elecciones legislativas en Alemania se celebrarán dentro de un año y la oposición del SPD aún no ha elegido a quien se medirá en las urnas con la canciller y candidata a la reelección. Antes de ello, las regionales en los estados federados de Baja Sajonia, Sarre y Schleswig Holstein ofrecerán una información muy útil para calcular si a Merkel la “correa” se le ha enrollado en el cuello.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.