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Los puntos cardinales

Los kalashnikov sirios tabletean otra vez en Beirut

Mayo 23, 2012

Tal y como se temía, la guerra civil en Siria ha mostrado su capacidad expansiva y su influencia perniciosa en los países limítrofes. Pero si hay uno en donde las consecuencias pueden ser irreparables es el Líbano. Que desgracia la de los habitantes del pequeño país, que han acabado por acostumbrarse a que los males vengan de fuera. Da igual que nos fijemos en los bombardeos israelíes en el verano de 2006 o más recientemente en los choques entre partidarios y enemigos de Bashar El Asad en algunos barrios de Beirut.

Hace apenas un par de días era violentamente expulsado de un área sunni de la hermosa capital libanesa el denominado Partido del Movimiento Árabe, un grupo que apoya al régimen de la familia Assad. En esta escaramuza se vieron envueltos partidarios del clan Hariri, y hubo intercambio de disparos de armas automáticas. Habría que preguntarse en cuántos hogares del Líbano no hay armas de fuego.

Barricadas y neumáticos ardiendo

Además de los aspectos estrictamente relacionados con la soberanía territorial del país de los cedros, hay componentes religiosos añadidos. Los sunníes rechazan la preeminencia de los Assad, que son alauitas entroncados con los chiíes, rama del Islam a la que pertenece el Partido de Dios Hizbullah.

Una vez más, algunas calles de Beirut vuelven a ser escenario de barricadas y neumáticos ardiendo, lo que ha hecho que cuatro monarquías del Golfo,- Bahrein, Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar- , adviertan a sus nacionales del clima de inestabilidad que poco a poco vuelve a instalarse en el país. Se da la circunstancia de que, en vacaciones, los ciudadanos de estos cuatro estados se desplazan a Líbano para disfrutar de mar, montaña, gastronomía y casinos, lo que supone una estimulante inyección económica para unas arcas que necesitan recursos para seguir reconstruyendo las zonas castigadas por años de cañonazos.

Los kalashnikov hablan

Porque si de algo saben los descendientes de los fenicios es de la guerra. Resulta casi increíble que en un espacio de terreno tan diminuto, con tanta diversidad de musulmanes sunníes, chiíes, drusos o cristianos, y después de quince años de enfrentamiento civil, los libaneses sigan empujando adelante. Y por ello mismo, es un insulto y una afrenta al coraje de este pueblo que, otra vez, por culpa de Siria vuelvan a escucharse ráfagas de kalashnikov en algunos barrios beirutíes.

En 1976, un año después de que estallase la guerra, la Liga Árabe valoró la conveniencia de enviar un ejército extranjero que actuase como unidad de interposición. Hafed El Assad, el padre del actual presidente sirio, movilizó a treinta y cinco mil soldados que acabaron convertidos en una verdadera fuerza de ocupación. En la primavera de 2005 abandonaron Líbano los catorce mil militares sirios que quedaban desplegados. La población celebraba alborozada la salida del último Ejército extranjero, porque en 1982 fueron las tropas de Israel las que cruzaron a la orilla norte del Río Litani.

Ahora, la mano de los Assad vuelve a sentirse en Líbano, pero no para separar facciones enfrentadas sino como catalizador de un proceso armado por ahora incipiente pero que amenaza otra vez a dos generaciones de libaneses que habían aprendido a dejar de mirarse las heridas.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.