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Los puntos cardinales

Los juegos de Kim no son tan letales

Abril 9, 2013

Los norcoreanos son muy aficionados a celebrar las conmemoraciones por todo lo alto, con peligrosos alardes pirotécnicos. Disculpen la broma, pero a lo peor hoy, cuando lean estas líneas, el régimen de Pyongyang ha decidido lanzar un misil en memoria del nacimiento del hombre que fundó el país en 1948, Kim Il Sung. La verdad es que su nieto, el joven y sobrealimentado Kim Jong Un, ha logrado extender una sensación de temor aparente en todas las cancillerías y en la opinión pública mundial. Pero, tras esta sucesión de despropósitos y bravuconadas, algo se esconde, y les invitamos a intentar desentrañarlo.

El presidente norcoreano es demasiado joven, un cachorro en medio de una manada de veteranos, algunos de los cuales ya estuvieron en junto a su abuelo. Necesita, pues, reafirmarse como único poder decisorio de la república popular y hacerlo calculando cada paso, a sabiendas de que juega con fuego. No se le puede negar a Kim Jong Un una rara habilidad para pasear por el alambre. Incendia el discurso con asombrosa precisión y, pese a la inquietud que generan sus amenazas, en el fondo existe una convicción casi generalizada de que el dictador de Pyongyang no provocará una guerra total a gran escala. Sí hay, no obstante, un factor de riesgo que no debería olvidarse. La península de Corea es un pequeño territorio repleto de guarniciones militares de todo tipo, tanto en el Norte como en el Sur, de modo que cualquier escaramuza puede acabar degenerando en un choque de mayores consecuencias.

Un avezado jugador

La Casa Blanca interpreta los movimientos de Kim como los de un avezado jugador de ajedrez que procura llevar siempre la iniciativa. En esta partida, el objetivo de Corea del Norte no es dar jaque a Estados Unidos sino lograr una interlocución directa, que no necesariamente se traduciría en negociaciones sino en contactos en diferentes niveles. Porque la verdad que hay detrás de todo esto no es ni imperialista ni armamentística. Por mucho que Kim Jong Un difunda al mundo imágenes de su enorme poder y su televisión ofrezca esa sensación de aparente esplendor, los norcoreanos viven al margen de toda esa ampulosidad faraónica. De hecho, en el fondo está la intención del joven presidente de que se levanten las sanciones contra su país para poder poner en marcha algún programa de modernización que les permita salir del aislacionismo y la ruina económica que padecen. La dinastía ha dilapidado todos los recursos nacionales en fastos y paradas militares y ha sido incapaz de aplicar un modelo que garantizase la subsistencia de sus ciudadanos. La crisis de Corea se parece, pues, a los juegos de los niños: amagar y no dar. Washington ha desplegado fuerzas con el objetivo de disuadir y no provocar a Pyongyang, sin saber exactamente cuál es su verdadero potencial bélico, pese a los denodados de sus servicios de inteligencia y los de sus colegas de Seúl. Es muy alentador también saber que, en esta ocasión, las autoridades chinas no están dispuestas a que el niño tenga en las manos un juguete peligroso en forma de misil.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.