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Otras opiniones

Los jueces no son dioses

Mayo 5, 2013

Aprender a desconectar del trabajo es una virtud que no llego a alcanzar del todo. Estos primeros días de mayo he visitado Berlín y le reconozco que por las noches en la habitación me conectaba a la wifi para revisar el whatsapp, el correo e Internet y estar al tanto de todo y, en concreto, del caso de Marta del Castillo. Así, a distancia, me he ido enterando, de que los malos augurios que presagiaba desde esta página se han ido cumpliendo.

Conviene recordar que los jueces son humanos por mucho que algunos (generalizar es un error) se pongan la capa de deidad y se comporten como tal. No tienen poderes sobrenaturales ni rayos x que permitan leer la mente del sospechoso ni diferencian las palabras falsas de las verdaderas al oírlas ni tienen visiones reveladoras que les permitan hacer justicia ni aciertan en todas sus decisiones. De hecho, he conocido algún absoluto necio en estos años. Le diré, por si se siente ofendido, que sí, que en el periodismo también (seguro que alguno me incluye a mí en esa categoría) y que el error es inherente a nuestra condición humana. Nuestras armas son la información, la lógica y la pluma. Los jueces, apoyados en muchas normas escritas, y a falta de poderes sobrenaturales, despliegan en sus providencias, autos y sentencias el ejercicio de la razón, o de la sinrazón, apoyándose en la Ley. No hay otro truco.

¿Un juez que se salta las normas?

Los hay muy buenos, a alguno conozco, pero no es el caso de Francisco de Asís, juez instructor, al menos en el caso de Marta del Castillo. En mi opinión, Su Señoría ha cometido errores de bulto. El primero es que se ha olvidado seguir las normas que le marca uno de sus libros, concretamente el de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Después de haber llamado a declarar a Miguel Carcaño y escuchar que acusaba a su hermano Javier Delgado del asesinato de Marta, no le quedaba otra que enviar el asunto a la oficina de reparto y esperar a ver a que juez le tocaba investigar esta nueva denuncia. Los magistrados de instrucción no pueden levantar el dedo y decidir que asuntos quieren. Les caen a través de la oficina de reparto de forma aleatoria y sin favoritismos. Al menos, así está establecido.

Francisco de Asís investigó (fíjese que el verbo está en pasado) el asesinato de Marta del Castillo. Él cerró el sumario, el asunto fue juzgado y él, aunque le pese, nada tiene que ver con el tema. En su despacho sólo queda abierta una pieza separada que es la de la búsqueda del cadáver de la joven. Sólo búsqueda y nada más. Por eso, cuando Miguel señaló con el dedo a su hermano, sea cierto o falso, Francisco de Asís, debería haberse apartado y haber dejado que la oficina de reparto se encargara del asunto. (¿No tiene usted la impresión de que algunos jueces no saben vivir sin la fama y notoriedad que eventualmente tienen al instruir casos de relevancia mediática que, por cierto, les han caído a través de la ofician de reparto?)

Piedras en el camino

Dado tremendo patinazo, Don Francisco demuestra su condición humana y tropieza de nuevo en la misma y en piedras diferentes. ¡Será por traspiés! Su señoría, revestido de infalibilidad, utiliza sus super poderes y afirma: “… ante la nula credibilidad de Miguel Carcaño, ante su inverosímil y fantasiosa versión, exenta de respaldo y ante la inexistencia de otras diligencias a practicar, proceder al sobreseimiento que se acuerda en esta resolución”. Y de una simple frase varias reflexiones. ¿Cómo sabe que es fantasiosa? ¿Lee Su Señoría la mente? Hay testigos que corroboran algunos de los datos de la nueva declaración de Carcaño, ¿es eso estar exento de respaldo? La Policía le pidió al juez que ordenase al banco entregar los datos personales de Miguel Carcaño. Querían comprobar si, como relata en su nueva declaración, había adquirido una play station, un home cinema y una cámara de fotos. Y digo comprobar. La policía no es imbécil y cree a pies juntillas todo lo que dice Miguel. Buscan información que acredite o no la nueva versión. Pero a esa información solo pueden tener acceso con una orden judicial. Si pudiera entrevistar a Don Francisco le preguntaría ¿había inexistencia de diligencias o es que se negó a todas y por eso no había? ¿No es objetivamente mentira que no hubiese otras diligencias que practicar?

Leyendo el auto de Francisco de Asís me acuerdo de mis primeros pasos con unos patines en una pista de hielo. Al terminar estaba lleno de cardenales de los resbalones y caídas. Si se leen con detenimiento las doce páginas de la resolución del juez se encontrarán errores de principiante. Habla Su Señoría del hermano de Miguel Carcaño, del principio “non bis in idem” (juzgar dos veces a una persona por los mismos hechos) y dice que el hecho de que ya se sentara en el banquillo: “impide que pueda seguirse un procedimiento contra él”. ¿Cómo se puede ser tan cerril? Javier Delgado fue investigado, imputado, acusado, juzgado y absuelto por encubrimiento y otros delitos (por cierto, bien absuelto) pero jamás se ha sentado en un banquillo por homicidio. Aparentemente es un concepto sencillo de entender, pero incomprensiblemente no para Don Francisco que unas páginas más adelante vuelve a caer en el mismo error: “Desoyendo los efectos de la cosa juzgada y haciendo valoraciones sobre la credibilidad de los testimonios que solo le competen a la Justicia vuelve la policía a interrogar a testigos (…) para atribuir a Javier Delgado una participación criminal (manipulación y traslado del cuerpo de la víctima por la que ya fue juzgado y absuelto”. Le confieso que al leerlo brotó de mi garganta un grito: “¡¡Mentira!!”. Lo que le atribuye ahora Miguel a su hermano es el asesinato de Marta, e insisto: por ese delito ni ha sido acusado, ni juzgado ni absuelto. Por tanto, las críticas de Don Francisco a la Policía en su auto son groseras, burdas e innecesarias.

La policía debe obedecer sin rechistar

Dice de ellos que se han extralimitado en sus funciones. ¿Y que deben hacer? ¿Callarse? ¿Obviar que un individuo acusa a otro de un asesinato? ¡¡Pues no!! Lo que hicieron fue trabajar más allá de lo que exigía su contrato, antepusieron la investigación a sus familias, para tratar de dilucidar si lo que dice Carcaño ahora es verdad y devolver el cuerpo de Marta a sus padres, Eva y Antonio. De premio, Don Francisco les deja a los pies de los caballos. ¡¡Felicidades Señoría!! Eso es motivar a la Policía Judicial.

Dice Don Francisco: “Desde el punto de vista subjetivo la credibilidad de Carcaño es nula y no se acierta a comprender como la Policía le concede tal cualidad o beneficio”. Vaya por delante que también creo que Miguel es un mentiroso, pero ¿los mentirosos no dicen nunca una verdad? ¿Mienten siempre? La obligación de la policía y del juez es cribar las falsedades y apoyarse en los datos ciertos para alcanzar la verdad y para que esta coincida con la verdad jurídica, algo que en el caso de Marta del Castillo, en mi opinión, no se ha logrado.

Mi madre siempre me confesó que ella, como buena aragonesa, era obstinada. Desconozco donde nació el juez, pero hace gala de esa cualidad en sentido negativo en su auto, porque tan obstinado está en desacreditar a Miguel, a la Policía y defender su incomprensible decisión de no hacer nada, que comete errores ilógicos. Insiste en restar credibilidad a Miguel y afirma: “No nos lleva Miguel, sin embargo, al paradero del cuerpo, como si fuera creíble que quien ha matado y ha sepultado el cuerpo en un lugar, al que según declara volvió al día siguiente, so sea capaz de señalarlo con una mínima aproximación”. Debo ser lerdo, lo confieso. Hasta donde yo se Miguel acusa a su hermano del asesinato, pero el juez debió escuchar otra cosa, porque para arrogarse de razón insiste en que Miguel mató a Marta, pero no lo hace basándose en la sentencia que lo condenó por ello, sino en su nueva confesión.

Todo sigue igual

Si estas líneas caen en manos de algún juez, espero que las lea con espíritu crítico, no con el chip del corporativismo. Lo digo porque ya algunos magistrados y personas aledañas me han cuestionado por la dureza de mis palabras. Pero su Señoría de tonto no tiene un pelo. Ha estructurarlo de tal manera la meritada resolución que aparenta lógica y razón.

¿Y que decir de la fiscalía de Sevilla? Fracasó con estrépito en la instrucción y en el juicio de Marta del Castillo. Ante la nueva denuncia, su actitud ha sido de desidia. Como si no fuera con ella. A mí se me ocurren mil preguntas que se podían haber hecho en la toma de declaraciones pero el representante del Ministerio Público decidió que tenía mejores cosas que hacer que tratar de averiguar dónde está Marta. No abrió la boca. ¿Se castiga el pasotismo de alguna forma? No. En mi opinión, el Fiscal General del Estado debería destituir al individuo que no preguntó y a su jefa, pero no sucederá ni tampoco el juez admitirá que se ha equivocado en su auto ni será castigado por ello. Entre otras cosas, porque si admitiera que lo ha hecho, estaría reconociendo que erró estrepitosamente en todo la instrucción del caso Marta del Castillo. Algo muy difícil de asumir. Aquí los únicos que deben asumir a diario que no tienen a su hija son Eva y Antonio. No les queda otra.

PD. No creo a Miguel más que el primer día. Sólo pido que se investigue todo hasta el final para descartarlo o ratificarlo.

Nacho Abad