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Los puntos cardinales

Los jueces chinos se columpian en la balanza

Octubre 21, 2014

La actuación de las fuerzas de seguridad durante las movilizaciones en Hong Kong ha dado lugar a reflexiones muy diversas, aunque casi todas con una opinión coincidente: salvo el caso de un hombre esposado que recibió una brutal paliza y el empleo de esprays de pimienta, ha habido una considerable contención. Las autoridades de la ex colonia británica comenzaron ayer a dialogar con los manifestantes que exigen democracia plena y acorde a los principios del sufragio universal, aunque dejaron bien claro que no habrá libertad de elección de candidatos en 2017.

Mientras esto sucede en Honk Kong, en Pekín se reúne el plenario del Partido Comunista Chino en un periodo de sesiones a puerta cerrada destinadas a profundizar en las reformas a las que se comprometió Xi Jinping cuando asumió la más alta magistratura del gigante asiático. Los delegados del PCCh representan a más de noventa millones de afiliados, aunque no es ningún mérito ser chino y estar inscrito en el partido único. La gente sabe que la pertenencia a la única fuerza sobre la que se vertebra todo el Estado permite disfrutar de una cierta vitola de clase. Lo que ocurre es que, pese a esa mareante cifra de miembros, sólo es en el seno del Comité Central donde sus doscientos cinco miembros adoptan las grandes decisiones.

El papel del Partido Comunista

En este periodo de debates, Jinping somete a la consideración del partido una propuesta que eleva el nivel de competencia de los jueces quienes, hasta el momento, dependen directa y absolutamente de los políticos que les nombran. En todos los ámbitos, empezando por el local o el provincial. Para entender esta reforma hay que dejar a un lado al Barón de Montesequieu y ser conscientes de que no existe en China una división de poderes como a la que estamos acostumbrados en los sistemas democráticos occidentales.

En China los jueces tienen la última palabra, pero si no hay capacidad de resolución de un contencioso será el PCCh el que resuelva en uno u otro sentido. Una de las obsesiones de Xi Jinping de la que hizo bandera desde que se convirtió en el líder indiscutible fue la lucha contra la corrupción, en eliminar cualquier resto de la acumulación de casos de podredumbre confirmados en la nomenclatura. El más relevante hasta ahora conocido es el de Zhang Zougouhang, quien fuera responsable del extinto Ministerio de Ferrocarriles, un funcionario aficionado a los sobornos al que el viernes le fue conmutada la condena a muerte. En esta nueva China, cuando de lo que se trata es de escarmentar a quien ha mancillado  el nombre de la revolución popular, importa poco salirse de los cauces judiciales.

Seis mil investigaciones sobre corrupción

Según datos facilitados por el propio partido, hasta el pasado verano se habían abierto seis mil investigaciones por casos relacionados con corrupción. El partido cuenta con recursos suficientes como para poner en práctica una política punitiva al margen de los tribunales, aunque lo que pretende esta reforma es dotar a los magistrados de mayor poder y menor subordinación a los responsables políticos. Es muy difícil saber exactamente cuál es la verdadera estrategia de Xi Jinping con esta ambiciosa reforma.

Evitando cualquier campaña internacional de denuncia por violación de derechos humanos, ha marcado distancias con las movilizaciones de Hong Kong en una actitud bastante tibia que se traduce en un apoyo sin demasiado entusiasmo a las gestiones del Ejecutivo local. Lo que Xi no ha podidoimpedir es que una organización humanitaria haya desvelado torturas a gran escala a mujeres en instalaciones conocidas como “cárceles negras”, para las que se habilitan desde fábricas abandonadas hasta habitaciones de hotel. Sospecho que, pese a sus nuevas atribuciones, los jueces también mirarán para otro lado en este espinoso asunto que saca de nuevo a la luz los aspectos más terribles de la superpotencia, en la que los gobernantes europeos no plantean ya problemas de derechos humanos cuando pasean por la Ciudad Prohibida en busca de negocios.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.