Menú Portada
Los puntos cardinales

Los jóvenes del Tahrir frente a los viejos del Malecón

Abril 19, 2011
pq__angel_gonzalo.jpg

En Egipto, los jóvenes fueron capaces de tomar las calles para acabar con un régimen tiránico que a lo largo de treinta años dejó un saldo de enriquecimiento familiar de los gobernantes, escasa o nula esperanza de prosperidad para las generaciones venideras y 350 muertos en poco más de dos semanas de protestas. Pero, al final, Mubarak cayó, y ahora él y sus hijos harán frente a la Justicia.

En Cuba, sin embargo, hemos conocido estos días un número de humor caribeño sin ninguna gracia que ha pretendido ofrecer al mundo una imagen de cambio. De entrada, lo que acobarda es ver el enorme escudo del Partido Comunista detrás de Raúl Castro, una imagen llena de kalashnikovs y fusiles al aire, testimonio de que el tiempo se paró en la Isla.

Fariseísmo monumental

Se lamenta el anciano de que dos generaciones de cubanos hayan vivido bajo el racionamiento y, en un acto de fariseísmo monumental, se atreve a hablar del nocivo carácter igualitario de esas medidas. O se me nubla la vista ante el teclado, o todos en Occidente pensábamos que una de las glorias de la revolución de los barbas fue ese carácter que hacía iguales al campesino que al comandante.

Dice el menor de los Castro que hay que realizar la transición hacia un modelo menos centralizado. La inservible retórica de la Isla promete que el Estado tiene que erradicar profundas distorsiones y centrarse ahora en el hallazgo de sistemas de productividad creíbles. De momento, de todo lo dicho, no hay más remedio que mirar con enorme cautela e incredulidad esos pronunciamientos tan ampulosos como desalentadores.

Porque lo que tenemos ante nosotros es el retorno al socialismo real extinguido en la URSS, de los planes quinquenales sobre los que calcular qué es capaz de producir un régimen que ha vivido del subsidio hasta la caída del bloque soviético y que tiene a su vecino del otro lado del Estrecho de Florida como principal abastecedor de bienes y servicios, de frente o por la puerta trasera, aunque, al son del embargo, siga siendo el número uno del cancionero revolucionario incluso en 2011.

El universal privilegio de pensar y decidir

Aseguraba Raúl Castro en este Sexto Congreso que la militancia en el mono partido no debe garantizar ningún tipo de beneficio o prebenda en la estructura del Estado. No está mal el análisis si nos atenemos a que, desde su fundación en 1965, la única vía para logar una cierta prosperidad pasaba por la afiliación. En este sentido, si antes hablábamos del protagonismo de los jóvenes egipcios, no se puede decir lo mismo de los cubanos. Huérfanos estos de salidas, han decidido pasar en masa de la pertenencia al PCC. Pero tampoco dan muestra de un poder contestatario real. Acaso, salvo el ejemplo de unos cuantos valientes blogueros, la perspectiva política de la juventud de Cuba pasa por el desapego y la desilusión conformista o, en el lado contrario, en quienes se aferran a un régimen que todavía está vivo y se dedican a la delación de quienes en algún momento han sido amigos o amantes.

Los Castro saben que el tiempo es inexorable para todos y pretenden con este Congreso dar un golpe, una señal que distraiga de la realidad interna de la Isla, que sigue ocultando una situación económica crítica. Tomemos en consideración que el continente latinoamericano ha sabido resistir con gallardía los efectos devastadores de la crisis mundial, todos excepto Cuba, claro.

A lo que no ha habido ninguna alusión durante las largas jornadas ha sido a la necesidad de que los cubanos disfruten por fin del universal privilegio de pensar y decidir por sí mismos. Sin eso, no hay nada.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.