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Los puntos cardinales

Los jazmines de Túnez y el dominó centroeuropeo del 89

Enero 18, 2011

La literatura va a contribuir a que no se nos olviden los últimos veintitrés años de la historia de Túnez. Leila Trabelsi, la esposa de Ben Ali, era conocida como “La Regenta”, y su hermano Belhasen, como “El Padrino”. De este modo tan ilustrativo se puede comprender el gran negocio familiar en el que acabó convirtiéndose esa dictadura playera en la que los turistas procedentes de Europa no sentían presión alguna mientras disfrutaban de playa y excursiones por el desierto, alimentando así la principal fuente de ingresos del país. Algo así como Cuba, donde también el sol y la crema bronceadora enmascaran cualquier desgracia social.

Zine Bin El Abidine Ben Ali y su clan se vieron desbordados por el clamor ciudadano y no tardaron en recibir cobijo en uno de los Palacios que utilizaba el Rey Fahd en Jeda. No está demostrado, pero desde Francia se asegura que el depuesto presidente y su cohorte sacaron una tonelada y media de oro de las reservas de Túnez, un país enfangado en la charca de la penuria económica. El régimen había desviado también a Suiza unas cantidades que las autoridades helvéticas se comprometen a investigar.  

 
Quizá los tunecinos, tras el hastío de veintitrés años de dictadura de rostro supuestamente amable, sean ahora víctimas de la lógica impaciencia, motivo por el cual quieran borrar todo recuerdo del antiguo régimen en el Gobierno de transición que deberá llevar al país a la convocatoria de unas nuevas elecciones. Sin embargo, experiencias más longevas como la nuestra ponen de relieve que hay figuras que desempeñan papeles muy valiosos en el tránsito de uno a otro modelo.
 

La “Revolución Jazmín”

 

La que ya se conoce como “Revolución Jazmín” tiene ante sí multitud de obstáculos. La recomposición de un tejido económico que recupere a las clases medias, la necesidad de proyectos de futuro que ilusionen a la juventud, el equilibrio entre la Policía y el Ejército y, muy especialmente, el protagonismo de un Islam que actúe como eje de la nueva sociedad del país, aunque alejado por completo de los modelos saudí o iraní.
 
Los efectos que el ejemplo tunecino ha tenido en países como Egipto, Mauritania o Argelia evidencian que algo se empieza a mover en estos lugares en los que los Gobiernos consolidaron poderosas redes de corrupción, bien directamente desde los cuarteles o con el explícito apoyo de ellos.
 En otoño de 1989 nadie podía imaginar que los estados satélites del Telón de Acero caerían como las fichas de un dominó. Ahora, la revuelta de Túnez ha dejado claro que los cambios en el mundo árabe son posibles, sin necesidad de que las consignas surjan de los minaretes de las Mezquitas.
 

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero