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Otras opiniones

Los extraños comportamientos de la fiscal jefe de A Coruña y un periodista ¿de su cuerda?

Diciembre 10, 2012

No suelo bucear en los entresijos de la información de los compañeros de profesión porque pienso que cada cual tiene su ética y su conciencia y allá cada uno cuando ha de manejar su “yo inquisidor”. A mi me persigue y lacera el alma cuando cometo errores involuntarios que, por otro lado, son inherentes a la condición humana. Esta vez, sin embargo, voy a hacer una excepción. Me han ardido las entrañas al leer las sucias mentiras publicadas en dos días sucesivos por un ¿peón? (deduzca usted si hay reina) que dice ser periodista. Y, a lo mejor, de título lo es, pero su reiteración en el error me hace suponer que detrás hay una intención inmunda, que no inepta, que no casa con el periodismo en general.

Enseguida comprobará el porqué de una afirmación tan dura. Primero le sitúo. La semana pasada le escribí sobre la incomprensión que me producía que la Fiscal Jefe de A Coruña, María Esther Fernández García, estuviese empeñada hasta límites casi “patológicos” en que se archivase la extraña muerte de María Dolores Villar en 2008. A mis ojos, un caso de asesinato tan claro que deslumbra a la vista. Y todo en contra del criterio del fiscal titular del caso, subordinado de la tal Fernández, que es el que había echado horas y codos a la investigación.

El ataque la mejor defensa

La respuesta no se hizo esperar. El periodista-¿marioneta? escribió en el medio en el que trabaja cosas como estas: El enfrentamiento entre el fiscal y su jefa viene de lejos, cuando en julio del 2008 apareció el cadáver de una mujer en la playa de Carnota y este fiscal se hizo cargo del caso”. Apenas tres líneas, tan cojas que tropiezan ante la más mínima comprobación. En primer lugar, porque Loli Villar murió en agosto, concretamente el día 2, así que difícilmente pudo aparecer su cuerpo sin vida en el mes de julio. Y en segundo lugar, porque el fiscal no se hizo cargo del caso entonces, sino ¡¡¡dos años después!!!

El ejercicio del periodista es contar verdades. Todos podemos equivocarnos. Lo que no es admisible es la falta de diligencia a la hora de contrastar los datos que publicamos, lo que me lleva a pensar, a lo mejor de forma errónea (juzgue usted), que el tipo tenía el “encargo” de pintar al fiscal responsable del caso como un loco individualista que hacía la guerra en contra de cualquier razón lógica. A mi la supuesta pelea del fiscal, Frago se apellida, y su jefa me da igual. No así la familia de la víctima que lleva años sufriendo y que no entiende el extraño cambio de actitud que la Fiscal Jefe ha querido dar al caso.

Falsedades por doquier

Insisto, el compañero dibujó en su artículo al fiscal como un loco en búsqueda de protagonismo, aficionado a las teorías conspirativas de novelas paranormales. Fíjese lo que siguió escribiendo en el segundo artículo que publicó: Frago, el fiscal que hace casi cuatro años emprendió una cruzada contra su superior (…) se empecinó en ver un crimen donde los forenses, los peritos, la Guardia Civil y hasta su jefa no veían más que a una mujer que murió ahogada en la playa de Carnota. Punto”.

Si pudiese hablar con él le diría que punto y seguido compañero, porque ante semejante afirmación sólo me queda llamarte echacuervos, trufador, fulero, trápala, sinónimos de MENTIROSO. La Guardia Civil siempre tuvo y sigue tendiendo a día de hoy el convencimiento de que Loli Villar murió asesinada y que el presunto asesino es Jesús María Carro Fernández, su pareja, un ex policía expulsado del cuerpo con una importante ristra de antecedentes.

Y llegó el lunes 10 de diciembre en el que se decidía si seguía adelante con la causa o quedaba archivada. Y se celebró la vista sobre la que el periodista-¿peón? había vaticinado que habría otro fiscal, que se pondrá del lado de la defensa del novio de la víctima (el presunto asesino) para que el caso quede sellado para siempre”. Cierto es que la Fiscal Jefe, María Esther Fernández García, no asistió personalmente, probablemente, por falta de bemoles. Según me cuentan, mandó a un sustituto, un tal Vázquez, que se negó a seguir sus instrucciones y renunció. Después envió a una mujer, que como el fiscal titular también debe estar de psiquiátrico, porque sostuvo ante el juez que lo de Loli Villar fue un asesinato. Es decir, que de ponerse de parte de la defensa del novio, nada de nada. Y donde su jefa no ve delito, ya hay tres fiscales convencidos del asesinato.

Denuncias por falsificación

Me queda, de momento, solo apuntillar un dato. La Fiscal Jefe y otra mujer, a la que de momento no nombraré, aseguraron por escrito, que el 10 de noviembre de 2011 se reunieron con el fiscal Frago y que este estuvo “pasota” sentado en una silla y que dio un portazo al salir. Es una estupidez, lo se. Pero se lo cuento porque denota algo turbio en la fiscalía de A Coruña. A las horas y en el día que ambas mujeres dicen haber celebrado ese encuentro, el fiscal estaba asistiendo a un juicio a 57 kilómetros de distancia. Así lo acredita por escrito el secretario de dicho juzgado. Y o el tipo tiene el don de la ubicuidad o estas dos señoras, como el periodista-¿peón?, mienten como bellacas.

Por cierto que en contra de lo que publicó el supuesto y presunto peón: “Archivadas las denuncias de un fiscal contra su jefa (…)”, le digo que la causa sigue abierta y que la afirmación es una farlodia, bunga, moyana, paparucha, vamos un EMBUSTE.

Allá el periodista con su conciencia. Sin embargo, es deber del Fiscal General del Estado, en mi opinión, limpiar la basura de su casa si la hay. A mí me olía a podrido desde París que es donde he estado el puente y eso que estaba acatarrado. Le apunto, para terminar, que el fiscal Frago ha denunciado que su firma ha sido falsificada en varios documentos más y que esta causa tampoco ha sido archivada. Invitaría al periodista-¿peón? a que se diera una vuelta por el Juzgado de Instrucción número 3 de A Coruña a comprobarlo y consultara las Diligencias Previas 3953-2012, pero dudo que se quiera tomar el tiempo. Cada uno tenemos nuestra forma de ejercer el periodismo.

Nacho Abad