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Los puntos cardinales

Los “drones” de Barack Obama y su pesadilla paquistaní

Septiembre 26, 2012

Barack Obama aprovecha su participación en los actos de la Asamblea General de la ONU en Nueva York para dar relieve a la política exterior, aparcando durante unos días los aspectos domésticos que centran su campaña. El presidente y candidato a la relección se siente preocupado por la guerra en Siria, un conflicto que según el enviado de Naciones Unidas, Lakhdar Brahimi, está muy mal y va a peor. El programa nuclear iraní también provoca desvelos en Obama, que sabe que este dossier ha sido el causante de sus últimas fricciones con el primer ministro de Israel, su gran aliado en la parte más complicada del mundo.

Pero ni Barack Obama ni ninguno de los altos responsables de la Administración demócrata pueden olvidar Pakistán, un país misterioso, un amigo aparente en el que se cobijan algunos de los más fieros enemigos de América. El año pasado el letal Equipo VI de los Navy Seals cazaba a Osama Bin Laden en Abbottabad, muy cerca de una de las principales academias militares paquistaníes. La Casa Blanca y el Pentágono admiten la dificultad de cosechar éxitos en su combate contra los radicales islámicos con medios convencionales, es decir, dejando a sus tropas de tierra a merced de montañas y emboscadas en la región de Waziristán, donde se oculta lo peor del fanatismo armado tanto de Pakistán como de Afganistán.

La doble cara de los drones

Obama siempre ha defendido los valores del derecho y la justicia, digamos que un concepto de “guerra moral”, si se pudiese aceptar esa hipótesis. Sin embargo, no le ha temblado el pulso al ordenar el empelo de drones, aviones no tripulados capaces de hacer blanco en cualquier objetivo al que ni la infantería ni el piloto con más horas de vuelo pueden alcanzar. Esos ingenios tecnológicos, – los Predator y los Reaper-, tienen una demostrada eficiencia, aunque a veces corren el riesgo de errar el impacto en unos metros y provocar víctimas entre la población civil. Un informe reciente de las universidades de Nueva York y Stanford confirma que los aviones no tripulados causan una sensación de presión traumática entre los habitantes de esas zonas refugio de terroristas. Los americanos se han cobrado algunas importantes piezas gracias a los drones, pero también han generado una corriente en su contra que se acrecienta cada día. La gran pregunta que corre por los pasillos de Washington es saber quién gobierna de verdad en Pakistán y hacia dónde se dirige el país, más allá de que el próximo año se celebren elecciones.

Riesgo de radicalización

El riesgo de radicalización de la sociedad paquistaní es un hecho que nadie discute. Para echar gasolina al fuego, recientemente un ministro del Gobierno ha llegado a ofrecer una recompensa de cien mil dólares por la vida del autor de la polémica película sobre Mahoma.

Esta potencia atómica tiene un historial demasiado amplio de sospechas e incertidumbres sobre su verdadera voluntad de acabar con los grupos violentos que han declarado la yihad a Occidente. Incluso Afganistán ha reforzado los controles en su frontera oriental para impedir la entrada en su territorio de periódicos paquistaníes que las autoridades de Kabul consideran al servicio de la causa talibán.

Los aviones no tripulados son enormemente eficaces sobre blancos localizados, pero incapaces de neutralizar sentimientos colectivos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero