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Atando cabos

Los desahucios o el peligro de legislar en caliente

Noviembre 18, 2012

El asunto de los desahucios es sin duda polémico. Era necesario y lo sigue siendo dar una solución a un problema sobrevenido por la crisis económica y la recesión, pero el peligro de legislar en caliente genera numerosas incertidumbres. “No me gusta que la gente proponga reformas del Código penal a la salida de los entierros“. Estas palabras las pronunció Alfredo Pérez Rubalcaba en abril de 2010 a raíz del asesinato de una menor en la provincia de Toledo a manos de otra menor. No puedo estar más de acuerdo. Pero ahora, con el grave problema de los desahucios, podemos estar cayendo en las prisas a la hora de legislar.

Parto de la premisa que estoy absolutamente a favor de cambios en la Ley hipotecaria, injusta, y claramente ventajista para el acreedor. Pero un cambio legal de este tipo no puede surgir, de repente, después un suicidio, que además poco tenían que ver con los desahucios, y donde, por arte de magia, todos, políticos, Gobierno, oposición, jueces, policías y periodistas parecen haberse dado cuenta, ahora, de un problema que existe desde hace años. Un problema que cuya solución puede ser nefasta para la seguridad jurídica de todo un sistema y además puede convertirse en agravio comparativo entre personas.

Es caro rescatar a un banco, pero prueba a dejarlo caer

Una aseveración un tanto demagógica se ha puesto de moda: “se rescata a los bancos y no a las personas“. Como si los bancos en realidad no seamos, en el fondo, todos. Como si los bancos fueran sólo los grandes ejecutivos que cobran indemnizaciones millonarias e insultantes. Las entidades financieras, que han hecho mal su trabajo y están pagando las consecuencias, no pueden confundirse con aquellas que han cuidado de que el sistema no se quiebre. Con aquellas que mantienen los ahorros de millones de personas. Con aquellas que se cuidaron a la hora de dar hipotecas. Es caro, muy caro, salvar a un banco; pero prueba a dejarlo caer, sería mucho peor. Castiguemos a las entidades financieras que han roto el saco por la avaricia y han aprovechado su posición de privilegio en el sistema para aprovecharse de él hasta decir basta, pero tengamos cuidado porque está en juego la credibilidad financiera de todo el país. Y según las diferentes auditorías externas que se han realizado a nuestros bancos, la gran mayoría, el 70%, son bancos saneados que no han abusado de sus clientes y que no han necesitado ayuda. Es decir, la mayoría no han sido rescatados.

Pero volviendo a los desahucios. No se pueden meter en el mismo saco todos los casos. Hay desahucios dolorosísimos que esconden tras de sí verdaderos dramas de familias que se quedan sin un techo y además deben pagar la deuda pendiente. Estos, con la fría estadística en la mano, son los menos. Pero también hay otros menos traumáticos que no salen en los medios y que también se contabilizan dentro de los casi 500 lanzamientos diarios que se registran en España, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Me refiero a naves industriales, suelo agrícola, locales comerciales, segundas viviendas o viviendas vacacionales, e incluso a casos, que también hay, de verdaderos profesionales de “no pagar“, caraduras de primera categoría que, simplemente, juegan a no hacer frente a sus obligaciones hasta que el banco se les echa encima. Es obvio que hay que distinguir.

¿Qué hacemos con los alquileres?

Pero es que además, podemos cometer una grave injustica con esas miles de familias que se han venido privado de todo para poder pagar la hipoteca. ¿Qué mensaje lanzamos a aquellos que si pagan a costa de su sacrificio personal? Algunos pueden pensar que dejando de pagar no ocurre nada.

Y otra injusticia en el caso de los alquileres. Imaginemos un caso extremo, aquellos a los que con buen criterio el Gobierno ha legislado para que tengan una moratoria en el pago hipotecario. Familias con sus miembros en desempleo sobrevenido, con hijos a su cargo, y con un nivel de renta inferior a los 19.000 euros anuales. Imaginemos que esa familia no vive en una vivienda hipotecada sino en una vivienda habitual pero alquilada. ¿Qué hacemos? Ampliamos la moratoria para los alquileres, o en este caso sí que estamos a favor del desalojo de aquellas personas que no pagan la renta al propietario. ¿Tienen más privilegio y beneficios aquellos que firmaron un crédito frente a los que han firmado un contrato de renta? Son lagunas y peligros derivados de legislar en caliente.

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio