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Otras opiniones

Los datos ocultos de la nueva investigación de Marta del Castillo

Abril 14, 2013

Este domingo, desde que me levanté, se instaló en mi cara un rictus de profunda estupidez y por mucho que me froté, hasta arañarme, no conseguí borrarlo. El persistente sentimiento de estulticia se mezclaba con una rabia irracional que me comía las entrañas. Y le confesaré por qué. A lo largo del día varios medios de comunicación publicaron que Miguel Carcaño había hecho una nueva declaración y que apuntaba a un paraje cercano a Sevilla como lugar donde habían enterrado a Marta, involucrando de alguna manera a Francisco Javier Delgado en unos hechos indeterminados.

Hace meses que algunos sabíamos que la policía buscaba a Marta del Castillo en “La Rinconada”, muy cerca de Sevilla, pero por razones que no es el momento para comentar, optamos por el silencio. Pero una cosa era callar y otra que mis ojos no presenciaran y archivaran la noticia. El 9 de octubre bajé a la capital hispalense, provisto de una gorra, de unas gafas del sol grandes y de un bigote postizo. El hecho de salir en la tele es una desventaja cuando quieres pasar desapercibido. En Sevilla no estuve sólo. Rocío Romero, corresponsal en Andalucía del Programa de Ana Rosa, me guió por aquellas carreteras por las que jamás antes había circulado. Nos pasamos el día rastreando el terreno y grabamos algunos videos.

Francisco Javier Delgado imputado por homicidio

Desde entonces y a pesar de seguir trabajando en otras noticias, he tenido un ojo puesto siempre en Sevilla, deseando poder contar algún día la noticia de que la policía había encontrado el cuerpo de Marta. Todavía no ha sido posible, pero ojalá fuera así, para que Antonio y Eva tuvieran un lugar para rezarla y llevarle flores. Mientras la búsqueda continuaba, la policía seguía visitando a Miguel Carcaño en la cárcel y éste ha ido aportando muchos datos de lo que ocurrió el 24 de enero de 2009, día en que Marta del Castillo fue asesinada.

Todo culminó el pasado jueves. A primera hora de la mañana dos policías del GRUME se presentaron en el lugar de trabajo de Francisco Javier y le entregaron una citación para que los acompañase a comisaría. El hermano de Miguel los siguió al tiempo que avisaba a su abogado, José Manuel Carrión, de lo que estaba ocurriendo. Al llegar allí, el nuevo comisario de la UDEV de Sevilla le comunicó que Miguel Carcaño había hecho una nueva declaración. Le acusaba a él de haber asesinado a Marta. Así que le leyeron sus derechos, le imputaron por el homicidio de la joven y le preguntaron si quería declarar. El abogado de Francisco Javier no entendía qué estaba pasando. Quería ver el atestado policial antes de que su cliente respondiera a pregunta alguna. Les recordó que su cliente ya había sido juzgado y se le había absuelto. Insistía en saber qué pruebas había ahora contra él. No le dijeron nada. Así que ante la sorpresa del propio hermano de Miguel Carcaño, no le metieron en un calabozo. Sólo le anunciaron que cuando le llamara el juez debía ir a declarar. De todo esto me enteré al final del día.

El tiempo apremiaba, así que con el mayor de los secretismos solicité tener una unidad móvil dispuesta en Sevilla para que mi compañera Rocío Romero hiciera un directo, pero por razones que nuevamente no vienen al caso, decidimos dar un paso atrás y esperar.

Un revólver del calibre 38

Y transcurrió el viernes sin que se publicara una noticia. Y llegó el sábado y tampoco. Y amaneció el domingo y allí estaba. Jorge Muñoz, amigo al que tengo cariño y respeto, publicaba en el Diario de Sevilla que había una búsqueda en marcha basada en una nueva versión de Miguel. Midió perfectamente cada línea. Todo lo que publicaba se podía decir, pero todos sus datos provocaron una ola de interrogantes. Si Miguel había señalado un lugar, la policía lógicamente le habría preguntado por todo lo que aconteció antes de enterrar el cadáver. A lo largo del día se fueron filtrando pequeños detalles, como que Francisco Javier Delgado estaba involucrado en el asesinato Marta.

Yo le cuento lo que he podido construir y puedo y debo contar. A grandes rasgos, lo que ahora cuenta Miguel, y siempre según su testimonio, es que su hermano mató a Marta. Que hicieron desaparecer el cadáver. Lo hicieron a oscuras. Llovía. Circularon por la carretera de La Rinconada. Sin llegar a la localidad se desviaron por un camino de tierra y grava. Ese sendero terminaba en una zanja. El largo agujero estaba lleno de escombros. Era una pequeña escombrera ilegal. Allí había ladrillos, trozos de cemento, azulejos, alguna red de color rojo… Sólo material de obra. Desde octubre la Policía ha registrado 6 fincas sobre las que tenían sospechas, pero la orografía del terreno ha cambiado mucho. Han colaborado operarios civiles de forma gratuita a los que les dijeron que buscaban un botín de joyas y dinero enterrado por una banda de ladrones. Ellos ni preguntaban. Siempre que les han solicitado algo, allí estaban, desinteresadamente.

En mitad de este revoltijo le contaré que hasta donde yo se Francisco Javier trabajó de guarda de seguridad allá por el año 1996 en un edificio de la Junta de Andalucía a unos kilómetros del lugar donde se ha buscado estos meses a Marta. También le diré que hay un revolver del calibre 38 que es importante, que la declaración de Carcaño está manuscrita, que en ella hay datos externos que la pueden hacer más creíble y que la policía entregó todas las diligencias al juez el pasado viernes. Al mismo que llevó la antigua instrucción, Francisco de Asís Molina, pero ahora dentro de la pieza separada que todavía está abierta sobre la búsqueda de Marta.

Interrogantes peligrosos

Hay cientos de interrogantes, pero dos son vitales. ¿Qué credibilidad tiene Miguel Carcaño? Esta es su séptima versión de los hechos y por tanto debemos asumir que objetivamente estamos ante un mentiroso. ¿Por qué creerle ahora? A lo mejor porque no tiene nada que ganar. Su condena es firme. Más de 20 años de cárcel. Eso no se lo quita nadie, salvo que haya un nuevo juicio, se condene a su hermano por el asesinato y haya pruebas para demostrar que lo hizo sólo. Pero esa posibilidad queda lejana. Entonces, ¿en qué se beneficia? Realmente en nada. Va a tener que seguir cumpliendo su condena y la única opción es que podrían adelantarle algún permiso de salida, pero no veo yo al juez de vigilancia penitenciaria alcanzando acuerdos entre las sombras. A mi, todos estos parámetros me hacen que racionalmente otorgue más credibilidad a esta versión que a las anteriores. El segundo interrogante tiene que ver con el juez de instrucción, Francisco de Asís Molina. ¿Pensará el magistrado responsable de la instrucción que pudo equivocarse? ¿Se planteará la posibilidad de que la investigación que él dirigía erró en sus conclusiones? ¿O creerá por contra que el trabajo fue excepcional y que no merece la pena investigar nada de lo nuevo porque él ya hizo muy bien su trabajo? El viernes recibió las nuevas diligencias de la Policía y me cuentan que no está muy por la labor. Está orgulloso de su trabajo anterior. ¡¡A mí me parece francamente deficitario!! Aunque siendo objetivos también la Fiscalía y el abogado de la acusación particular tuvieron mucho, pero mucho que ver, en el absoluto fracaso durante los juicios, el de el “Cuco” y el de el resto.

En manos de un juez

Miedo me da que el Juez se deje dominar por el orgullo, pánico que no quiera aceptar la posibilidad de su error. Porque la situación es de una extrema complejidad y dureza. Si aceptamos la nueva versión de Miguel Carcaño, le garantizo que nadie, absolutamente nadie ha relatado lo que realmente aconteció aquella noche. Ni el magistrado de menores que juzgo al Cuco, ni los tres de la Audiencia Provincial ni los cinco del Supremo. Si aceptamos la nueva versión, el relato de hechos probados de todas las sentencias es radicalmente falso. Mentira, tras mentira ¿Será capaz de aceptar el juez responsable de la investigación que tantas personas tan entendidas, él el primero, queden literalmente en el más absoluto de los ridículos? Ellos y los que defendieron una alevosía partiendo del memorable alegato de que “lo único cierto es la desaparición del cuerpo de Marta”.

Pero ni siquiera se trata de aceptar, sin más, esta versión, sino tan solo de investigarla. Pero claro, ello lleva consigo la posibilidad de que al final resulte que sí. Que ciertamente, tantos y tantos que detallaron cómo, cuándo y por qué murió Marta, quizás tengan ahora que cambiar su versión de los hechos. Quiero confundirme, pero me da que no. En este país cuesta reconocer errores y menos cuando se ventilan en los medios de comunicación. Ya le aviso que hay mucho, mucho más de lo que se cree y que hay que reconocerle a la policía su trabajo. Han cuestionado todo lo hecho hasta ahora tan sólo para darles el cadáver de su hija a unos padres que quieren simplemente poder despedirse de ella. Como usted, les deseo toda la suerte.

Nacho Abad