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Los puntos cardinales

Los apuntes liberales universitarios dan todo el poder a Correa

Febrero 19, 2013

Si observamos cómo han evolucionado a lo largo del tiempo las revoluciones de la izquierda latinoamericana bajo la mitología histórica de Simón Bolívar y el populismo de Hugo Chávez, la resultante comparativa es tan esclarecedora como desigual. El presidente venezolano ha sido quien ha llevado la iniciativa de ese grupo reunido en tono a las siglas ALBA, -Alternativa Bolivariana de América-, pero los hechos demuestran que algunos alumnos han aventajado al profesor. Porque si en la Venezuela que celebra el regreso de su líder inmersa en el misterio de su verdadero estado de salud las carencias económicas y la inseguridad ciudadana alcanzan cifras alarmantes, en Ecuador las cosas son muy distintas.

Rafael Correa sólo ha necesitado de la primera vuelta para seguir al frente de la Presidencia del país, con más apoyo incluso del que disfrutaba hasta la fecha. El principal candidato opositor, el empresario y banquero católico Guillermo Lasso, admitía deportivamente la derrota nada más conocer los primeros datos que confirmaban que el recuento catapultaba a Correa. Los ecuatorianos le han evaluado en las urnas con una magnífica nota, dejando claro además que en todas partes, y en el hemisferio americano en particular, la gente de la calle puede perdonar fallos del sistema siempre que en la mesa haya un puchero lleno. Porque el caso de Rafael Correa es muy singular. Su credo está en la izquierda y como su mentor, Chávez, también gusta de identificar con colores el movimiento que lidera. Si en Venezuela es el rojo, en Ecuador es el verde pistacho el que simboliza esa nueva forma de gestionar el país por parte de un hombre que, a diferencia de los que vistieron el caqui, como Chávez o Daniel Ortega, cuenta con formación académica. Evo Morales, por su parte, -que ha vuelto a jugárnosla-, procede del sindicalismo indigenista.

Combinar políticas económicas

El joven y atractivo economista ecuatoriano ha sabido impulsar políticas de subsidio al inicio de su mandato, una vez comprobados los ingresos que el crudo reporta a las arcas de este país de la ribera del Pacífico. No era el maná, pero por fin alguien se ocupaba de atender las necesidades de una población que ahora ha visto caer en picado los indicadores de pobreza en más de una cuarta parte. Una de las política que pueden aplicarse si existe previamente una solidez en la ortodoxia económica es la de los ingresos por impuestos. Recordemos, por ejemplo, el mandato de Alejandro Toledo en el vecino Perú. La experiencia acumulada por el “Cholo” como economista en la ONU, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo dio lugar a una conclusión sencilla y eficaz: hay que pagar impuestos y fomentar la claridad de las cuentas para construir la base de una sociedad, es decir, de la clase media. El ejemplo peruano continuado por Alán García e incluso por Ollanta Humala se encuadra en la línea de las políticas adoptadas en Ecuador por Correa, quien ha utilizado el populismo como ingrediente de un programa sustancioso que ha realizado inversiones millonarias en infraestructuras y ha reducido el paro al 4%.

La casa, claro está, no está todo lo limpia que debiera y la corrupción sigue instalada en el país, pero los ecuatorianos de a pie relativizan esa lacra. Uno de los frentes abiertos que mantiene el reelegido es con los medios de comunicación, a los que presiona y silencia con malas artes. Ahora, con el inmenso poder logrado, Correa podrá declarar abiertamente la guerra a la prensa crítica y amordazarla a su antojo. Pero, como decimos, a los ecuatorianos de la Amazonia y a los de la revitalizada Guayaquil estos asuntos les quedan muy lejos.

Con Chávez en un retiro forzoso a segundo plano, parece que la izquierda del continente cuenta con un líder que no ha dudado en desempolvar sus apuntes universitarios de John Maynard Keynes para crear, sui generis, el modelo de “la revolución ecuatoliberal”.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.