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Otras opiniones

Lorca: Arquitectura, sexo y reconstrucción

Junio 25, 2012

Hace poco tuve el enorme privilegio de pasar una noche en una de esas casas de Lorca a las que las ayudas económicas, después del terremoto, no han llegado aún. El panorama resulta desolador porque las tabiquerías, literalmente, han explotado con los vaivenes de los forjados (suelos y techos), que se produjeron aquel día trágico del año pasado. Todavía se pueden ver en los edificios, las heridas y cicatrices, junto a las marcas que los técnicos dibujaron, sobre sus fachadas, en el dictamen inicial de la primera semana tras el seísmo y que permanecen indicando el nivel de seguridad del inmueble.

Lorca es conocida también por sus procesiones de Semana Santa en la que, cada año, el Paso Blanco compite con el Paso Azul con sus cuadrigas, romanos, egipcios, babilonios (toda la Historia, representada en un desfile bíblico-pasional, desde los tiempos paganos hasta el Cristianismo). Este año, como no podía ser de otra manera y transcurridos once meses desde la tragedia que sesgó el ánimo de sus habitantes, se han volcado de lleno en el evento y cada cual comienza, como puede, a reconstruir su vida, su espacio vital y sus casas derrumbadas.

La advertencia de la Cruz de San Andrés

Lo primero que llama la atención, cuando te encuentras en el epicentro de una de estas viviendas afectadas, son las marcas en forma de Cruz de San Andrés de todos y cada uno de los tabiques; los ladrillos que confluyen en el cruce de los brazos de la cruz han saltado catapultados al centro de las estancias o la estancia vecina, se han separado literalmente los paramentos del techo y del suelo quedando alguno en inestable equilibrio. La luz de la mañana penetra por todas esas hendiduras y va dibujando infinidad de líneas proyectadas en las maltrechas paredes que, todavía, se mantienen en pie.

De noche el aspecto cambia. Las estrellas se proyectan a través de esas mismas grietas y las estancias se inundan de, una blanca y cálida, luz de luna y es entonces cuando los espíritus de los moradores se resisten a abandonar sus propiedades y toman posesión de esas largas madrugadas encendidas donde, casi siempre, ocurren mágicos encuentros que podrían volver a hacer temblar la tabiquería, por causas más bien humanas que sobrenaturales, aunque con un resultado mucho más gratificante.

Extraña mezcla de sensaciones

Pasar una noche en la habitación de una de esas viviendas acompañado por quien sufrió, en carne propia, ese fatídico terremoto es una experiencia inolvidable que produce una extraña mezcla de sensaciones: placer, afán de superación, intensidad, alegría, tristeza…

La arquitectura, el sexo y la reconstrucción están íntimamente unidos. En Lorca no puedes separar todas esas emociones y experiencias. Ayudar a reconstruir la vida de quienes sufrieron aquello es mucho más que reconstruir la arquitectura rota, consiste también en observar los hechos catastróficos del pasado para entender y aprender más de aquéllos y así prevenir los efectos de posibles nuevos temblores. Estos son los objetivos que me he propuesto para este año o para lo que queda de él.

Ayudar, en lo que pueda, a quien necesita que su vivienda vuelva a ser su morada soñada es la sensación más gratificante de cualquier arquitecto, y si, por avatares del destino, lo haces acompañado por quien te importa en la vida, entonces mucho mejor.

Antonio Lambea Escalada, Arquitecto y Perito Colegiado COAM 14758