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Mensaje en una botella

Lo vamos viendo

Enero 10, 2013

Todo puede esperar. Ya no hay urgencias que atender, emergencias que resolver o decisiones cruciales que tomar. No existen encrucijadas en las que elegir el camino correcto, reuniones que requieran un acuerdo definitivo o encuentros que haya que saldar con un apretón de manos. Vivimos entre paréntesis, en puntos suspensivos o entre interrogantes. Así tiene más emoción. Lo vamos viendo.

Se ha asentado tanto en nuestro vocabulario cotidiano, que la expresión lo vamos viendo forma ya parte del repertorio habitual de frases hechas al que recurrimos de manera automática. El automatismo se pone en marcha siempre que no sabemos qué hacer, siempre que dudamos, siempre que carecemos de la convicción necesaria para tomar una decisión o siempre que no tenemos ni puñetera idea de lo que más nos conviene.

Instalados en lo vamos viendo way of life, vamos saliendo adelante como podemos y vamos convirtiendo la vida en un desfile, en un pasacalle que sirve para entretenernos a la vez que es útil para engañar al tiempo. Pero, ¿de verdad podemos engañar al tiempo? ¿No llega, más tarde o más temprano, ese momento en el que tenemos que tomar una decisión y ya no hay lugar para irlo viendo? 

Vázquez Montalbán y Franco 

Lo vamos viendo es mucho más que una expresión para salir del paso. Es el perfecto ejemplo de cómo esperar a que el tiempo acabe resolviendo los problemas que nosotros mismos somos incapaces de resolver. Me recuerda mucho a aquella técnica que, según cuenta Manuel Vázquez Montalbán en su Autobiografía el general Franco, empleaba el caudillo. Relata el célebre escritor y comunista confeso, que el dictador apilaba en dos montones de carpetas los asuntos que debía resolver. En el primero amontonaba aquéllos que requerían una solución y en el segundo situaba aquéllos que habían quedado resueltos con el paso del tiempo. De vez en cuando, Franco pasaba unas carpetas del primero al segundo montón sin tomarse la molestia de abrirlas. Conclusión: el tiempo resuelve todo.

¿Corremos peligro de solucionar los problemas a base de traspasarlos de uno a otro montón con la esperanza de que el segundo montón no deje de crecer y el primero no deje de menguar? ¿Acabaremos dando carpetazo a los problemas con la ilusión de que el paso de las horas haga que se desvanezcan como por arte de magia? ¿Confiaremos a ciegas en el paso de las agujas del reloj como único y definitivo remedio para todo tipo de embrollos?

Tal vez ahora mismo no encuentres solución a ese problema que te preocupa desde hace días, que no te deja conciliar el sueño y que te provoca una sensación de malestar de la que no puedes librarte. No pasa nada. Aplícate el cuento de este artículo que estás leyendo y que, como los telefilmes de sobremesa, está basado en hechos reales. Todo puede esperar porque el tiempo resuelve todo. Y si tienes alguna duda, date un respiro, deja que pase un tiempo y ya lo vamos viendo.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero