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Otras opiniones

Lo que va entre el malvado Rubalcaba y “Heidi” Cospedal

Septiembre 6, 2009

Es un hecho histórico cierto que si Zapatero habita Moncloa no es precisamente por sus méritos. Ni por su preparación técnica, ni porque su ideología esté de moda por el mundo. No. Ese privilegiado puesto se lo debe al inefable José María Aznar que terminó por creerse que era de verdad. El muchachito/campeón de los aductores, rodeado por aquella corte de pelotas/incompetentes e inexportables, encabezados por Carlos Aragonés y el palmero Alfredo Timermans, despeñó por el camino de la derrota a una mayoría social y electoral que en el 2004 había en España y que se aprestaba a darle un nuevo mandato. Pero en esto apareció el 11-M y el más grandioso fiasco que Gobierno alguno tuvo en el mundo occidental. De ese fiasco Timermans y demás incompetentes corifeos salieron trasquilados, aunque ricos, y el condumio a buen recaudo, aunque millones de españoles se fueran al pairo.

Escribo esto porque personaje clave en la acera de enfrente fue el gran Alfredo Pérez Rubalcaba, el Rasputín/Fouché de la cosa, el auténtico mandamás de la cosa. Tiene como mérito personal haberse merendado en aquellas fechas a todo un Gobierno de chulos sin causa y en el lustro posterior haberse puesto por montera cualquier intento de aproximación al poder del PP del cuitado Rajoy.
Es el amo de la situación, y con su policía a las espaldas no hay nada que se le resista. Ya lo dicen en Ferraz: Rubalcaba, Rubalcaba, te descuidas y te la clava. En el PSOE no necesitan ni a Pepiño, ni a Pajín, ni a mariasantísima para dejar que la derecha siga en el averno. Rubalcaba se los merienda al atardecer con tostadas y Cola Cao. Punto y pelota.

Cospedal, “secante” de Rubalcaba

Rajoy, que gran registrador y qué pésimo dirigente político para la oposición (pese a que realiza excelentes diagnósticos como el último de Soutomaior), ha puesto como secante de “Freddy el químico” a una joven, voluntariosa y guapa manchega, María Dolores de Cospedal, también una figura de las oposición a la abogacía del Estado, pero más ingenua que un camarón de la Toja.
Cospedal, que ha rendido un gran tributo a su partido simplemente sustituyendo su cara por la de Ángel Acebes, carece de experiencia política, le falta rodaje, equipo y aprender lo que es la secretaria general de una formación política tan formidable como el PP. Se tiró a la piscina sin agua durante este verano en Marbella mientras se probaba bikinis y ha hecho el ridículo.
 
Esto es lo que va, justamente, entre el PSOE y el PP; a un lado, Rubalcaba, a otro la Cospe.
Pero todo se aprende. Y ahora que se ha casado con el bueno y experimentado Ignacio López del Hierro seguro que camina por la senda del acierto. Necesita tiempo, justo de lo que no dispone ni el PP ni sus sufridos y hartos militantes de base y votantes.
 
Se lo deseo fervientemente. Aunque sólo sea porque el olor a “química” y gases fétidos desaparezca de los elegantes salones de Castellana, 5. Mucho, Rubalcaba, demasiado Rubalcaba.
 

Graciano Palomo es periodista y analista político