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Mensaje en una botella

Lo que harán los cargos públicos algún día

Noviembre 19, 2014

Algún día veremos examinarse a los aspirantes a ocupar cargos públicos, para comprobar su preparación, sometiéndose a pruebas que no serán sencillas ni estarán previamente ensayadas. Los examinadores serán exigentes porque la responsabilidad que asumirán los cargos públicos conllevarán un alto nivel de exigencia y responsabilidad. No podrá asumirlas cualquiera. Será algo tan habitual que nadie dudará de su importancia.

Algún día veremos a los cargos públicos rindiendo cuentas antes y después de ocupar la responsabilidad que asumen. Será obligatorio mostrar públicamente todo cuanto poseen. Sí, deberán hacerlo públicamente porque ellos han sido elegidos para desempeñar una responsabilidad pública y, quien aspira a desempeñarla, sabe que sus bienes serán de conocimiento público. Esta práctica se convertirá en algo tan cotidiano que nadie la pondrá en duda.

Esos mismos cargos públicos volverán a rendir cuentas cuando abandonen la responsabilidad que asumieron. Será obligatorio enseñar públicamente todo cuanto sea de su propiedad. En ese momento se comprobará si se han enriquecido durante el período de tiempo de su desempeño público. Será un ejercicio de transparencia tan natural que nadie pondrá objeción alguna.

Algún día veremos cómo, en el caso de que el cargo público sometido a examen se haya enriquecido aprovechando la responsabilidad desempeñada, será juzgado por esa afrenta. En el caso de que quede probado el enriquecimiento ilícito, será condenado al destierro de la vida pública. No podrá volver a ejercer un cargo electo durante diez años. Cumplida la condena, los jueces comprobarán si se ha rehabilitado y si merece la oportunidad de ser reinsertado socialmente. Todos nos acostumbraremos a que esto sea así.

Algún día veremos cómo los jueces podrán proteger a los ciudadanos de los cargos públicos que pretendan devaluar la Democracia y convertirla en otro sistema político. Esas personas que quieran transformar el poder de todo un pueblo en el poder de uno o de unos pocos, también serán juzgadas. Y en el caso de que quede probada su culpabilidad, serán condenadas al destierro de la vida pública. Los ciudadanos consideraremos esta práctica tan natural como necesaria para la protección del sistema democrático. 

25 siglos no es nada

¿Lo veremos algún día? ¿O quizá ya lo hemos visto? ¿En la antigua Grecia tal vez? Hace 2.500 años, los atenienses que querían ocupar cualquier cargo público tenían que pasar por la dokimasía: un examen para comprobar su preparación. Los representantes elegidos democráticamente por los atenienses estaban obligados a la euthynas didonai: rendían cuentas de sus bienes antes y después de ocupar un cargo de representación pública.

En el caso de que el cargo público sometido a examen se hubiera enriquecido aprovechando la responsabilidad que había desempeñado, era juzgado. Si era encontrado culpable, pasaba al ostracismo: era desterrado de Atenas (no había peor condena para un ateniense que verse forzado a abandonar su ciudad). Cumplidos los diez años de destierro, el condenado tenía la ocasión de demostrar si se ha había rehabilitado y merecía otra oportunidad. El ostracismo estaba especialmente ideado como condena para quien quisiera transformar el poder de todo un pueblo en el poder de uno o de unos pocos: así se protegía el sistema democrático de posibles tiranías u oligarquías.

¿Lo veremos algún día? Ya que hemos perdido 2.500 años de tiempo, ¿no se le podría ocurrir a alguien ponerlo en práctica ahora? Que 25 siglos no es nada si es por el bien de la Democracia.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero