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Otras opiniones

Lo peor de la naturaleza humana parece salir a relucir en ciertas personas.

Octubre 30, 2014

Desplazó el dedo sobre la pantalla táctil y continuó poniéndose al día de las anécdotas de sus conocidos. Pero la frase volvió a su cabeza.


ARTE

Le pusieron en un aprieto. Eran preguntan muy concretas sobre un producto que no conocía en profundidad. Sintió sudor frío por la espalda. De repente, recordó la máxima que había aprendido en los libros de negociación. Evitar la confrontación directa y cambiar el rumbo de la conversación.

       Tú debes ser el experto de esta aplicación, ¿verdad? – dijo con cierta cautela. – Se aprecia a simple vista lo entendido que eres –.

El hombre acogió el piropo con sorpresa y agrado. Relajó los términos del interrogatorio. La conversación continuó por otros lares. El sudor desapareció de la espalda. La sonrisa volvió a sus labios. Hacia el final, comentó:

       Si os parece interesante, organizamos una reunión con nuestros expertos de la aplicación para que intercambiéis puntos de vista.

¡Qué mágicos son las relaciones humanas! Antes le interrogaba como a un enemigo, ahora le despedía como a un conocido íntimo.

 
INFLUENCIABLE

       Sería mejor que le esperara a que termine. La zona no es segura –.

Así sentenció el hombre, y sembró la incertidumbre en los pensamientos del viajero. El miedo ocupó el mando y la racionalidad salió por la compuerta de equipaje. Imaginó una desierta calle industrial, con altos muros de ladrillo a ambos lados, y una persona delgada de pelo oscuro apoyada con la mirada cabizbaja, jugando con algo entre las manos. El asfalto levantado daba muestras de abandono. La luz de una farola tenue confería un aspecto lúgubre a toda la escena. La imaginación, fértil, alimentada por el temor continuó con su trabajo. Justo cuando se iba a ver a si mismo andando por la acera de esa calle, cambió de opinión.

Aceptó que el taxista le esperara mientras duraba el evento.

 
CORTESÍA

       No quiero echarte, pero tengo cosas que hacer -, dije pensando en ir cerrando la reunión.  

El invitado se incorporó como un resorte y tardó escasos segundos en salir de su despacho. Me quedé pensado que había resultado tremendamente efectivo, si bien tuve la sensación de haberle echado descortésmente. Me dije: “si hubiera querido que se fuera de inmediato, no habría encontrado forma más efectiva”. Pero lamenté la estampida, y sentí que había forzado la situación. Mi invitado era un hombre sencillo de buen hacer. La próxima vez trataría de ser más diplomático. Y reservaría este recurso para quien deseaba hacer desaparecer de mi presencia.

Ninguna situación de la vida es vacía. De todo lo que nos pasa, se puede aprovechar parte.  

 
FACEBOOK

Un comentario sobre los políticos, hechos de otra pasta, me hizo sonreír. Desde luego era ingenioso. La situación era seria. Lo peor de la naturaleza humana parece salir a relucir en ciertas personas. Si son personajes públicos, la relevancia es mayor. Desplazó el dedo sobre la pantalla táctil y continuó poniéndose al día de las anécdotas de sus conocidos. Pero la frase volvió a su cabeza. Están hechos de otra pasta: la nuestra. Ahora se carcajeó, sin poder contenerse, para sorpresa de los otros viajeros del autobús, que le miraron con distintas opiniones en sus caras. Si ellos supieran que su última operación opaca le había proporcionado una jugosa cuenta en Suiza, le mirarían de otra forma. No pudo evitar sentir su orgullo engrandecido al leerse reflejado en las palabras de aquella persona. Como una conmemoración silenciosa.

¡Qué poco conocemos a las personas! Especialmente a las que tenemos por amigos de facebook.

RENCOR

Abandonó el auditorio sintiéndose presa de la ira. En contra de su voluntad, sin poder controlarse, dejó las conferencias a medias para alejarse de su compañero de butaca. No alcanzaba a entender cómo podía haber tenido tanto efecto sobre él. Esa respiración nerviosa, acelerada, que sólo interrumpía para hacer preguntas compulsivas al ponente, sin esperar respuesta, y desde luego sin pedir audiencia, había desatado un serio rencor en su persona. No podía pensar con claridad, sólo buscar cielo raso para tomar aire. A pesar de ello, sí pudo apreciar la paciencia de los sucesivos ponentes y del resto de asistentes al evento. Por tanto, era algo que tenía que ver con él. ¿Quizás se vio reflejado en otra época de su vida? ¿Se vio sometido a semejante trato alguna vez?

       Espere – una voz se dirigió a él desde las puertas del auditorio.

Se giró para observar la amigable figura del coordinador de la conferencia. Se lamentó de que tuviera que abandonar la sesión a medias y le despidió afectuosamente, no sin antes acompañarle parte del camino de salida del edificio.

Una vez sólo, se maravilló de la diversidad de la raza humana.

© Javier González Cantarell