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A renglón seguido

Lo importante… no es participar

Septiembre 17, 2013

La cama del idioma castellano nos arropa con las sábanas del conocimiento lingüístico; para muestra unos botones: “lo que no puede ser, no puede ser; y además es imposible”; “ir a por lana, y volver trasquilado”; ó “no hay dos sin tres”. Este es el paupérrimo resultado con que nos hemos tropezado estos últimos días en la calle de la actualidad deportivo-política de nuestro país.

Da la impresión de que una mano más o menos negra, evita e impide que Madrid, ó España, pueda ser sede organizadora de unos Juegos Olímpicos, lo que no nos deja en muy buen lugar sobre el mapa de la exportación de imagen española.

Decía en algún momento de su mandato Aznar, que no quería “formar parte de los países que no pintan nada”; pues bien, parece que hemos alcanzado la cúspide del lienzo del descrédito y la paleta de la no fiabilidad fuera de nuestras fronteras, dado que no convencemos con los pinceles de nuestras propuestas a los miembros del museo del COI. Da igual que sean negroides, caucásicos o mongoloides.

Tras la tormenta de la decepción bonaerense llega la calma de la desolación. Tres baldíos intentos por alcanzar la cima del Olimpo de los Dioses del deporte mundial. Demasiadas expectativas esperanzadoras en las que nuestra representación política, civil y deportiva, por los comentarios vertidos a través de los medios, estaba vendiendo la piel del oso; pero había un pequeño problema, que aún no había sido cazado para hacer compañía al que está a la vera del madroño.

Ricino del consuelo

No se le quedó cara de “lo importante es participar” al conjunto de los miembros de la delegación española, lo cual quiere decir que, para no probar el ricino del consuelo, es más que conveniente ganar. Acudieron en

 
 

nuestro nombre y representación a un bautismo de gloria, y regresaron con la defunción de sus miserias.

Parece que son más convincentes nuestros deportistas a través de sus éxitos –véanse los resultados- en su casa  y en el exterior. Destacan en algunas disciplinas bajo techo o al aire libre –así en la tierra como en el agua-, ensombreciendo a los habitantes de los despachos, que quizá por falta de entrenamiento en la comunicación, entre otras cosas, nos ofrecen el triste triunfo de la mediocridad, cayendo en el primer asalto por K.O. técnico.

Deberían probar a compartir con los primeros algún Centro de Alto Rendimiento, para planificar y mejorar su baja forma de credibilidad, y poder fajarse así, con mejor preparación en lo sucesivo, con los futuros rivales de moqueta y lunch.

Sería interesante conocer el volumen de inversión, que ha resultado ser un gasto, empleado en las tres fallidas intentonas como candidatos a recoger el testigo de Pierre de Coubertin.

Para colmo, el alcalde de la Ciudad Condal manifiesta, que solo su ciudad habría podido competir con las otras aspirantes, a la hora de poder volver a organizar un evento de estas características. A eso se le llama, hacer país.

Paco de Domingo