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Mensaje en una botella

Lo esencial es invisible a los ojos

Octubre 30, 2013

Esta noche de Halloween voy a vestirme de negro, como de costumbre. Lo que no tengo claro es si iré de cura, de Ghostface o de inspector de la troika. Cada uno de ellos tiene, como todo en esta vida, sus ventajas y sus inconvenientes. Se trata de comparar entre lo que merece la pena de cada uno de ellos y lo que resulta improcedente en cada uno de los casos. Pero habrá que tener cuidado, porque en Halloween nada es lo que parece y no puedes dejar de mirar hacia atrás por si acaso alguien ha salido del subsuelo.

El disfraz de cura es un valor seguro. Representa la fuerza divina frente a los malignos poderes que brotan de las entrañas del infierno. Resulta ideal para enfrentarse a una noche de muertos vivientes tipo Thriller de Michael Jackson. En noches como ésta, tus peores recuerdos afloran a la superficie convertidos en sombras siniestras. Nada mejor que un alzacuello para espantar a esos indeseables.

El disfraz de Ghostface tiene garantizado el éxito. Supone la encarnación de un personaje que se esconde bajo una máscara para perpetrar sus fechorías. El malo de Scream tiene cierto toque entrañable, porque esa máscara parece inspirada en un célebre cuadro (El grito de Munch) y eso le confiere un toque artístico que parece convertirlo en un ser entrañable. Pero de entrañable sólo tiene la advertencia que hace, con voz distorsionada, cuando amenaza con atacar tus entrañas.

El disfraz de inspector de la troika, también llamado hombre de negro, es ideal para provocar la estampida de los que te rodean. El índice de popularidad de los expertos que vienen a supervisar nuestra banca está por los suelos. Los hombres de negro de esa institución que forman la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional provocan pavor en la población. No porque vayan a hacernos algo, sino por miedo a que vayan a llevarse lo poco que nos queda.

La guerra de los mundos

Creo que repetiré de Ghostface. Pero será después de que en la víspera de Halloween también me haya vestido de negro. En esta ocasión, para sumarme a la treintena de profesionales de la Radio que ha representado La guerra de los mundos. Hace 75 años de la emisión de aquel programa de Radio dirigido por Orson Welles que consiguió aterrorizar a la población estadounidense. Welles y el elenco del Teatro Mercurio del Aire hizo creer, a través de la cadena radiofónica CBS, que La Tierra estaba siendo invadida por los marcianos. Aquel 30 de octubre de 1938 es una fecha inolvidable en la historia de la Radio.

Este 30 de octubre de 2013,  un grupo de chiflados ha revivido aquel programa de Radio en una representación, en el Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón, en la que se ha reconstruido el ambiente del estudio de la CBS en el que trabajaba Orson Welles junto a su equipo. Este columnista es uno de esos chiflados que ha participado en la representación que ha organizado la Academia de la Radio. Y me he vestido de negro, igual que haré esta noche de Halloween.

Pero el negro de La guerra de los mundos ha sido en homenaje a las sombras del terror que la Radio fue capaz de recrear a la perfección hace 75 años. Aunque ahora sería imposible engañar a la audiencia, porque las fuentes de información son innumerables, este homenaje al poder de la Radio no carece de sentido. Es un homenaje a la capacidad de imaginación, a la fuerza del sonido y a la credibilidad de la voz que son capaces de hacer creer lo que parece increíble. Ahora, tantos años después, eso sólo sigue siendo posible en la Radio. Porque en la Radio nada se ve. Porque, como describió Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero