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Otras opiniones

Llega el Fin del Mundo

Abril 21, 2010

Suelo tender al pesimismo y al alarmismo. Pero sí, se acaba el mundo. Es lo que dicen los pronósticos de todo tipo de creencias e ideales. Desde que explotó el volcán y cubrió media Europa de una espesa nube tóxica, no vivo en mí. Estoy en disposición de asegurar que prácticamente no duermo pensando en qué está ocurriendo. En qué nos está ocurriendo. Y no es cinismo, ni guasa encorsetada. De hecho, ando como loco intentando empaparme de todo cuanto se escribe y se comenta al respecto. Los mayas, que poseían el calendario más exacto, el fin del mundo llegará un día antes del sorteo de la lotería nacional de Navidad. Sí, el próximo 21 de diciembre de 2012. Será el inicio de una nueva era que llegará con un gran cataclismo y mucha penuria. Sin embargo, lo que para unos el fin del mundo significa la extinción de la especie humana, para los más optimistas esto no supone más que una evolución hacía interpretaciones religiosas, sociales o económicas. Es decir, si bien no habrá un tsunami –no el de Popy Marchante– que arrase con todos nosotros, sí puede que un gran acontecimiento nos haga cambiar de punto de vista sobre temas realmente importantes. Buscando en Internet -¡maldito seas para los restos!- he podido leer las diversas posibilidades que existen para la destrucción total. A cada una más sorprendente e impactante. Tanto, que mis piernas siguen temblando con una brutalidad incalculable. Parece que andan solas. De las mil teorías, la más aplaudida es la del meteorito impactando contra la Tierra. Nostradamus advierte en sus escritos que una gran piedra se abalanzará contra nuestro planeta. Además, no sería extraño porque hace algunos años un meteoro de dimensiones estratosféricas circuló muy cerca de nosotros. Según los expertos, una semana antes de la colisión fatal, el cuerpo será visible en nuestro cielo. No obstante, Nostradamus, rey de las predicciones, apunta que el día X nos visitará por fin una civilización extraterrestre que, socialmente, tendrá un impacto inimaginable. Eso sí, lo que no sabemos (ni queda acreditado) es que si vendrán, o no, en son de paz. El desastre nuclear, demasiado rodado e imaginado en películas de todo tipo, es el menos posible, a pesar de que varias veces hemos estado cerca de un conflicto. Más probable es el desastre natural. De hecho, los últimos terremotos, volcanes en erupción, tsunamis y demás problemas hacen presagiar que estamos adentrándonos en la época final. También se habla de una nueva peste que ya acabó con gran parte de la humanidad hace ya muchos años. Los religiosos aseguran que será Dios quien, de alguna forma u otra, nos demuestre que nuestros últimos movimientos no son los más acertados. En fin, follemos y comamos, que el mundo se acaba. Arriquitaun.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista