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Los puntos cardinales

Líbano, de nuevo a merced de los vecinos

Diciembre 10, 2013

Hace unos meses advertíamos en esta misma sección de que la guerra de Siria había cruzado las fronteras del Líbano, de modo que la historia y las turbulencias vecinales volvían a colocar en situación de alarma a la pequeña nación de los cedros. Partidarios de Bashar El Asad, personificados en las milicias chiítas, protagonizaban escaramuzas armadas contra grupos sunníes opuestos al régimen de Damasco. El caldo de cultivo ha seguido bullendo a medida que avanzaba la crisis siria y ha alcanzado su máximo nivel de tensión tras el atentado del pasado 19 de Noviembre contra la Embajada iraní en Beirut, ubicada en una zona del sur de la capital mayoritariamente poblada por chiítas.

Después de la brutal acción terrorista, el líder de Hizbulá, el jeque Hassan Nasrala, no dudó en vincular a los servicios secretos de Arabia Saudí con el ataque en el que veinticinco personas murieron, entre ellas el agregado cultural de Irán, y casi ciento cincuenta resultaron heridas de diversa consideración. Las denominadas Brigadas Abdula Azzam, estrechamente ligadas a Al Qaida, se atribuyeron la autoría. Arabia Saudí condenó el ataque pero guardó un sospechoso silencio una vez que el líder de Hizbulá aseguró ver la mano del reino en la trama. No es un secreto que Riad ofrece apoyo económico y material a los movimientos sunníes que se oponen a la familia Asad. En realidad, Arabia Saudí expande esas ayudas a todas las comunidades sunníes repartidas por el mundo. Estamos, por tanto, ante la prueba irrefutable de ese riesgo de enfrentamiento interreligioso entre las dos principales ramas del islam del que ya hemos hablado aquí.

Interrogantes a la estabilidad

Pero ha habido también otro problema gravísimo más reciente que añade interrogantes a la estabilidad libanesa. El comandante Hassan Lakis de las milicias proiraníes de Hizbulá era acribillado a las puertas de su domicilio cerca de Beirut. Se le consideraba un hombre muy próximo al líder Nasrala y, en primera instancia, las sospechas sobre el mismo grupo autor del atentado contra la Embajada de Irán se instalaron en la mente de todos. Sin embargo, en esta ocasión el Partido de Dios apuntaba directamente al espionaje de Israel como mano ejecutora del atentado contra Lakis.

Se recordaba, además, que no era la primera vez que el Mossad había intentado eliminarle. Cuando los israelíes llevan a cabo algún tipo de acción similar guardan un silencio que prácticamente supone un acto de admisión de culpa. Sin embargo, en este caso se han atrevido incluso a señalar a grupos o células sunníes, es decir, a los mismos que atacaron la legación diplomática iraní. El misterio de este asesinato no se despeja, lo que abre aún más el escenario de las dudas. En todo caso, lo peor que le podría ocurrir al Líbano y, por extensión, a los vecinos, es que el pequeño país acabase una vez más convertido en el patio trasero, en el campo de batalla en el que las potencias regionales dirimen sus diferencias con bombas y cañonazos, como ocurrió entre 1975 y 1990. La guerra nos hace acordarnos de Marc Marginedas, de Ricardo García Vilanova y de mi querido Javier Espinosa, a quien deseamos que cuanto antes regrese a su casa de Beirut para fundirse en un abrazo con Mónica y con sus dos hijos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.