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Los puntos cardinales

Letta controla el timón y Berlusconi los torpedos

Septiembre 10, 2013

El incesante ir y venir de Gobiernos de temporalidad provisional en Italia se mezcla con una auténtica paranoia jurídica que está empezando a generar graves consecuencias para la estabilidad del conjunto del país. Una vez más, es el político que más visita los tribunales quien pone a la república transalpina en jaque. Y lo hace por una carambola legal. Finalizado el mandato de Il Cavaliere, el tecnócrata Mario Monti configuró un Ejecutivo de gestión al que incorporó al frente de la cartera de Justicia a Paola Servino. El encomiable pundonor de la ministra la llevó a redactar una ley que obligaba a la salida de las Cámaras Legislativas a todos aquellos diputados o senadores que hubiesen sido condenados a penas superiores a dos años. Y a nuestro hombre, cómo no, le afecta directamente esa ley, toda vez que sus chanchullos con la hacienda italiana y sus regates a la Guardia di Finanza le han hecho acreedor de una sentencia de cuatro años de reclusión. El abultado equipo de abogados de Berlusconi ha remitido a las instancias judiciales de la Unión Europea el caso de su cliente, mientras se espera que el próximo día 19 la Corte de Milán estudie la apelación del magnate. Esos son los elementos judiciales de la historia.

Un horizonte demasiado complejo

Pero hay más. En el plano político, el horizonte es demasiado complejo y hay quien en Roma teme que el Gobierno de Enrico Letta pueda tener las horas contadas. En aras a defender sus propios intereses, Silvio Berlusconi y su legión de colaboradores anteponen sus causas y sus consecuencias penales al beneficio de un país que se asemeja a las galeras romanas, bogando contra viento y marea. Al frente de la reconstrucción del sistema y con el encargo de conseguir que los ciudadanos vuelvan a confiar en los partidos, tiznados de múltiples casos de corrupción, Enrico Letta trabaja sin descanso. El problema con el que cuenta es que en su Gabinete hay ministros del Pueblo de la Libertad de Bersluconi, alguno con tanto peso como para poner la barca del Ejecutivo por debajo de la línea de flotación. Es el caso de Angelino Alfano, uno de los hombres del círculo de confianza de Il Cavaliere, que cuando ocupó la cartera de Justicia realizó unos descarados juegos de prestidigitación para blindar jurídicamente a su jefe y mentor. El mensaje de Berlusconi es bastante más claro que las turbias aguas del Tíber. Si los miembros del Partido Democrático en la comisión del Senado no recapacitan y le obligan a abandonar su escaño y entregar su acta, los días del Gobierno y el ímprobo trabajo de Letta podrían tocar a su fin. La izquierda del Partido Democrático ha sabido recoger con responsabilidad el encargo del presidente de la República, Giorgio Napolitano, volcado en esa recuperación de la confianza y los valores. Porque no se entiende que en la cuna de la democracia los manejos de toda índole contaminen esos principios universales. Es una colisión permanente, un entramado de políticos, jueces y empresarios que en demasiadas ocasiones confunden sus papeles. A unos sólo les preocupa que la prima de riesgo no supere los 249 puntos. A otros, eludir la cárcel, para dejar constancia de que la balanza de la justicia no se inclina igual para todos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.