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Mi Tribuna

León de la Riva, el último mohicano de la política

Junio 7, 2015

Estas elecciones han dejado un evidente poso histórico con unos resultados que arrojan un cierto aire de revolución. Entre las urnas y los posteriores pactos, han pasado a la reserva políticos que ya formaban parte de nuestro registro histórico en cierto modo por el costumbrismo acomodado de sus victorias indiscutibles que renovaban de manera aplastaste su mayoría absoluta.


Rita Barberá en Valencia, Zoilo en Sevilla o León de la Riva en Valladolid representaban una manera muy particular de interpretar la municipalidad, incluso a costa o en contra de su propio partido. Los pactos de izquierda entre PSOE, la coalición Valladolid Toma la Palabra (Izquierda Unida más Equo) y Sí se Puede (marca blanca de Podemos), han provocado un vuelco absoluto en la ciudad vallisoletana al hacer inútil la victoria insuficiente del PP al que ni siquiera le llega para pactar con los dos concejales que ha sumado Ciudadanos. Hacía veinte años del último gobierno socialista en la capital de Castilla y León, en otros tiempos considerado feudo seguro para asentar los triunfos del Partido Popular.

La consecuencia más directa es la salida del poder de su alcalde, Javier León de la Riva, y del paso a la oposición de un partido que ha hecho una nefasta gestión del proceso electoral antes, durante y después de la campaña y las elecciones. Para completar su horrible ciclo, a la derrota en la práctica se le añade una condena por desobediencia que le inhabilita durante trece meses para seguir en la vida pública como alcalde o concejal. En resumen, De la Riva ya ha escenificado su salida a regañadientes del Ayuntamiento.

Quizá el poso y el paso del tiempo ayuden a ubicar su figura no solo en la política municipal, sino también lo que ha representado en la vida pública española. Cierto es que su carácter ha jugado en contra hasta el punto de despopularizar la esencia de su gestión. No dudó nunca en ponerse de frente a su partido y hacer públicas esas diferencias, pero los matices ásperos de su forma de ser, estar y comportarse han sido más visibles que cualquier atribución a su capacidad para transformar la ciudad.

Sus famosas perlas dialécticas

León de la Riva nos ha dejado perlas para el recuerdo imborrable de titulares de prensa y, en estos tiempos, auténticos terremotos en las redes sociales. Para el recuerdo de los olvidadizos, calificó el nombramiento de Leire Pajín como ministra de Sanidad en el gobierno de Zapatero con palabras contundentes; desde referirse a sus morritos a dudar de su preparación y capacidad para acabar pregonando que “iba a repartir condones a diestro y siniestro”. De otra ministra socialista, Carme Chacón, dijo que parecía “la señorita Pepis disfrazada de soldado”. Muy suyas son las reacciones cuando, de visita a unas obras en plena calle, recibía algún tipo de insulto. En una ocasión le llamó ‘payaso’ al insultante sin importarle que estuviera rodeado de micrófonos o salió detrás de un joven que le gritó ‘fascista’ y huyó corriendo: “Mira al valiente, mira al valiente cómo da la cara”, gritó sin aspavientos. En la campaña electoral que le enfrentó a la socialista Soraya Rodríguez le dedicó una coplilla sobre la promesa socialista de instalar un tranvía en Valladolid e incluso se refirió a su aspecto físico de manera jocosa. También tuvo lo suyo para el matrimonio de actores formado por Penélope Cruz y Javier Bardem. “Son muy propalestinos, pero cuando tiene que parir la mujer alquilan una planta entera de uno de los hospitales más caros y de mayor calidad de los Estados Unidos, el Mont Sinai, que además es judío”. Su último episodio más sonado fue aquel referente a compartir ascensor con una mujer, cuando dijo que tenía cuidado por si “se arranca el sujetador o la falda y sale dando gritos diciendo que la has intentado agredir”. El terremoto que originaron estas palabras fue sonoro y se vio forzado a pedir disculpas públicas.

Como en la novela de James Fenimore Cooper, el ex alcalde de Valladolid es el último mohicano de la política local que deja un sello propio inconfundible. El mismo que le llevó a ganar de manera tan clara y que ahora le ha llevado a no sumar lo suficiente para repetir por quinta vez y evitar lo que él denomina “un pacto de perdedores”.

Los nuevos tiempos se instalan en el Ayuntamiento de Valladolid con un alcalde socialista, Óscar Puente, que escenifica la renovación más absoluta en la forma de hacer y plantear políticas. Con cuatro años por delante, de la estabilidad del acuerdo depende la salud de un mandato que se espera con expectación, simplemente porque supone un cambio. “He vivido para ver al último guerrero de la sabia raza de los mohicanos”, dice Tamenud en el final de la novela. De la Riva es el epílogo de una política que languidece. La política del partido dominante al que le bastaba con anular a un solo contrincante porque los demás apenas contaban. Ahora cuentan muchos y esa suma es la que precisamente ha terminado con razas mohicanas como el ex alcalde de Valladolid o sus homólogos de Sevilla o Valencia. Tiempos nuevos, pero no forzosamente tiempos salvajes.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid