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No me moverán

Lecciones de la quita chipriota

Marzo 25, 2013

La quita que van a sufrir las cuentas de más de 100.000 euros en los bancos chipriotas es un hecho. Lo que está por ver es cuál va a ser el porcentaje de esa quita. Se habla de un 30/40% y, en algún caso, cifras superiores. No es extraño que esos ahorradores estén enfadados; no sólo por la cantidad, también por la incertidumbre. No saber lo que valen los ahorros es irritante. Además, mientras eso no se aclare, los bancos mantendrán las limitaciones para disponer de ese dinero, lo que se conoce con el nombre de “corralito“.

En todo caso, los españoles deberíamos sacar una serie de lecciones. Por algo somos europeos y ahorramos en euros, la misma moneda que los chipriotas:

La primera lección de la crisis chipriota es que no hay que olvidar nunca que: rentabilidad y opacidad bancaria son inversamente proporcionales a la seguridad de los ahorros. Los miles de rusos que depositaron sus dineros en los bancos de Chipre deben ser conscientes de ello. El cuasi-paraíso fiscal que constituía este pequeño país dentro de la Eurozona no era sostenible. Utilizado por muchas organizaciones rusas, y ciudadanos de esa misma nacionalidad, para situar en sus bancos fondos de dudosa procedencia, su situación era inestable. No se pueden llamar a engaño. Sabían que su situación bordea la línea ética, aunque pueda ser legal. En esos casos, no deben extrañarse si tienen que pagar un peaje por los beneficios obtenidos hasta ahora.

La segunda lección es que la banca es una profesión que requiere experiencia, de muchos años, incluso de siglos. Los suizos lo saben y lo practican ¡Qué fue de los banqueros de chaleco y reloj de cadena cuya divisa era la prudencia y la discreción! No hay que fiarse de los expertos que hacen innovación financiera y son famosos. Tampoco hay que fiarse de quienes ofrecen rentabilidad excesiva. Los productos financieros pueden ser extraordinariamente complejos y entenderlos no es sencillo. Decidir en qué modalidad se debe guardar unos ahorros exige una competencia que pocos tienen. En España los propietarios de acciones bancarias y, sobre todo de las llamadas “preferentes” lo han aprendido a su costa.

La tercera lección es que los dirigentes europeos carecen de sensibilidad democrática. El hecho de que su posición se deba a vericuetos de poder poco claros, hace que sean imprudentes e insensibles a la situación real de los ciudadanos o de los mercados. Además de que sus decisiones inciden en nuestras vidas, sus meras declaraciones también influyen. Como lo han hecho las palabras del Presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, afirmando que el modelo de Chipre puede ser un ejemplo para el futuro. Después de ellas las bolsas europeas cayeron estrepitosamente. Pero ninguna institución europea le pedirá responsabilidades por este hecho. Dijsselbloem tampoco las daría porque su posición no se debe a ningún tipo de elección democrática, sino a un acuerdo entre representantes de Estados. El Parlamento europeo no tiene legitimidad para pedirle cuentas.

La cuarta lección es que si los dirigentes europeos no son responsables de forma democrática, los Gobiernos de los países también pueden ser irresponsables aunque sean elegidos directamente por sus ciudadanos. Como se ha visto en varios casos los Gobiernos de los Estados europeos se han dejado arrastrar por políticas dilapidadoras que han llevado a deudas excesivas, subidas de sus primas de riesgo y políticas de austeridad. Políticas que llevan a pérdidas de valor en los salarios, en las pensiones, en los valores mobiliarios e inmobiliarios y aumento acelerado del desempleo. Todo ello ha llevado a bancarrotas que acaban pagando los ciudadanos; los que más, los que tienen menos capacidad de defensa, que suelen ser los más inocentes ¡Una injusticia!

Seguro que se pueden sacar muchas más lecciones. Escribo esto en la tarde de este lunes de Semana Santa de 2013 esperando que el Presidente chipriota se dirija a sus ciudadanos. Pero, como se retrasa más y más, tengo que cerrar el artículo sin conocer sus declaraciones.

Mientras tanto el consejo es: nadie da euros a ochenta céntimos (antes decíamos duros a cuatro pesetas). A mayor rentabilidad, mayor riesgo; a mayor opacidad, mayor riesgo; a menor democracia mayor riesgo; y a más irresponsabilidad de los gobernantes nacionales mayor riesgo ¡Lo tenemos difícil los ahorradores! Antes los españoles teníamos el refugio de la propiedad de nuestra casa, pero ahora eso es más dudoso, aunque la tierra y las piedras siempre valen algo. Es la sabiduría de siempre.

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE. Director del Executive EMBA, Madrid