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Otras opiniones

Las zancadillas a la investigación de Marta del Castillo

Abril 21, 2013

Este fin de semana dos amigas han celebrado sus cumpleaños y en ambas fiestas preguntaron por las novedades en el caso de Marta del Castillo. A todos les conté que Miguel Carcaño ha cambiado su versión una vez más y ya van siete. Cuenta ahora que el 24 de enero de 2009 llegó a su casa de León XIII con Marta. Allí estaba su hermano Francisco Javier Delgado que acababa de salir de la ducha. Entre los dos se inició una discusión. Javier acusaba a Miguel de haber vaciado la cuenta con la que debían pagar la hipoteca para comprarse, entre otras cosas, la moto con la que llevó a Marta a la casa. La joven trató de defender a su amigo, pero en un brote de ira descontrolada, Javier, mientras la sujetaba por el cuello con la mano izquierda, le destrozó el rostro con la culata de un revolver del calibre 38.

La brutalidad de los golpes y la gran cantidad de sangre que envolvía el rostro de Marta les hizo temer por su vida. Le colocaron un tensiómetro para medirle el pulso y confirmaron la peor de las verdades. Javier se había llevado por delante la vida de una niña. Le había robado el futuro con violencia y en el mismo acto había sembrado la huerta de la familia Castillo Casanueva de llantos, dolor, ansiedad, frustración, tristeza, ira, desesperación. Miguel, aterido de miedo, según él, contemplaba la salvaje escena.

El cuco y su bicicleta

En esta nueva versión, el Cuco llega, ve el percal y desaparece. Hay gente que cree que en este punto, Miguel Carcaño ha sido parco en detalles. Le recuerdo que en su primera versión, entre otras cosas, el Cuco explicó que encontró a Marta tirada en el suelo con la cara ensangrentada y que Javier Delgado lo amenazó si contaba algo. Durante el juicio se supo que esa noche el Cuco se dejó la bicicleta en casa de Miguel, concretamente en la cocina. Al día siguiente, acompañado de Samuel, fue a buscarla.

Le cuento esto porque me parece un dato que ha pasado por intrascendente y ahora se antoja revelador. Ni el fiscal ni el abogado de la acusación particular se enteraron o ninguno supo valorar su importancia, pero en ambos casos se demuestra su nivel de incompetencia. Lo que le digo no es baladí. Su falta de profesionalidad quedó plasmada durante la instrucción y posteriormente en las sesiones del juicio oral. Ambos son parcialmente responsables del desastre judicial del caso y de que el Tribunal Supremo no haya ordenado la repetición del proceso. Si no se sabe pedir, nadie va a encontrar razones para darte lo que solicitas.

¿Por qué es importante el dato de la bicicleta? El Cuco no se olvidó su medio de trasporte porque sí. Hay mil razones que convierten el detalle en importante, pero hoy solo le explicaré una. Demostraría que su padrastro mintió cuando dijo que lo vio montado en ella poco antes de que el Cuco se fuera a dormir. Lo que hace que broten espontáneamente otras incógnitas. ¿Por qué la pareja de su madre habría de mentir en ese dato intrascendente? ¿Implicaría eso que el Cuco se lo había contado todo? Si lo hizo con su padrastro, ¿alguien se cree que no se lo contó a su adorada madre? Si responde usted que sí a todas estas cuestiones, sobre estos dos individuos caería también la responsabilidad y la vergüenza de haber colaborado al sufrimiento de Eva Casanueva y Antonio del Castillo. Su dolor y sus lágrimas también son culpa de la madre y del padrastro del Cuco. Penalmente no merecerán ningún reproche, pero sí socialmente. Ahora es el momento de que den un paso adelante y los tres cuenten lo que saben.

Cuarenta kilos de cal

Hecho este apunte, que insisto, tiene más connotaciones que las que le he explicado hasta ahora y que en su momento le desvelaré, regreso al relato que hace Miguel Carcaño en su séptima versión. Dice el condenado que Javier salió corriendo de la casa. Necesitaban un vehículo para trasladar y ocultar el cuerpo. Acudió a casa de su ex mujer y le pidió el coche. Cobran fuerza otra vez esas famosas imágenes en las que la cámara de seguridad de la finca, cuya imagen estaba desenfocada, graba a un individuo entrar corriendo, con los mismos peculiares andares de Javier. Pero siendo sincero, es imposible reconocer su cara.

Regresa al lugar del crimen, entre los dos cargan el cuerpo en el vehículo que conduce Javier (él asegura que no tiene carné y que no sabe conducir), detrás va Miguel en la moto. Está oscuro y llueve con intensidad. Miguel recuerda una serie de detalles del camino que no vienen al caso y sitúa en la carretera de Sevilla a la Rinconada el camino de tierra por el que se desviaron. Allí había una zanja con escombros. Los movieron y enterraron a Marta debajo. La noche siguiente regresaron con dos sacos de cal de 20 kilos cada uno. Javier llevaba la voz cantante. Él fue quien retiraba los pedruscos y se los entregaba a su hermano. Luego vertieron los dos sacos de cal y volvieron a colocar los escombros encima de la joven.

La gran labor policial

¿Qué ha hecho la policía? Todos los investigadores tienen un propósito, devolver el cuerpo de Marta a sus padres, así que lo primero ha sido reconocer que pudieron equivocarse en su primera investigación. Los siguientes pasos han sido visitar a Miguel en infinidad de ocasiones para hacerle entender el daño que había causado y que sólo él le podía poner remedio. Fruto de esa insistencia, del proceso de maduración de Miguel (ya tiene 24 años) y de la dureza de la cárcel nace esta nueva versión. Durante los meses que se ha logrado preservar las pesquisas en silencio se ha buscado sin éxito, pero también se ha apuntalado la confesión con elementos externos que la dotan de credibilidad y la sostienen. No le puedo contar cuáles, pero existen. En mi opinión, más que suficiente para armar de nuevo el caso y seguir investigando. Al menos, para darle una oportunidad a desarrollar todo tipo de gestiones en torno a la nueva confesión, para corroborarla o descartarla.

Pero con la Justicia hemos topado. El juez de instrucción, Francisco de Asís, tiene desde hace más de una semana las nuevas diligencias sobre su mesa. ¿Qué ha hecho? El ‘diligente’ magistrado, en vez de llamar inmediatamente a declarar a Miguel y a su hermano Javier, ha dejado pasar la semana de Feria y la siguiente (¿esta segunda para recuperarse de la anterior?) para citar a Miguel. ¿Apropiado? ¿Inteligente? ¿Estúpido? ¿Vergonzoso? ¿Escandaloso? ¿Triste? ¿Desinterés? Elija usted el que le convenza más. Según algunos, esos que no saben ni quien es Francisco Javier Delgado pero que opinan y opinan en tertulias y más tertulias, el Juez ha hecho lo que debía, como siempre hacen los Magistrados, que para eso lo son. A mí, que sí conozco el caso en profundidad, me parece un despropósito colosal. Además, me llevan llegando durante días informaciones que apuntan a que el Ministerio Público “cree” (más bien eso prefiere creer) que todo lo ocurrido es una maniobra de Miguel para poder salir de la cárcel. Me asombra el escaso conocimiento jurídico que demuestra el fiscal, que ya se lució en el juicio, y su jefa, María José Segarra. Para que saliera de la cárcel, primero se debería condenar a Javier Delgado y ese proceso, si se produce, tardará años. Ellos deberían impulsar las nuevas pesquisas, pero al igual que el juez, se lo están tomando con un sosiego pasmoso. 

El ridículo de la Justicia

¿Sabe usted que significaría que la actual versión de Miguel fuera la cierta? Que el máximo responsable de la investigación, Francisco de Asís, la cagó. Literalmente. Detrás de él han ido patinado el magistrado de menores que juzgó al Cuco, los tres de la Audiencia Provincial y los cinco del Tribunal Supremo. Si esta versión es la buena, la verdad jurídica sería falsa y todos los magistrados que han participado de ella quedarían en el más absoluto de los ridículos. Le pongo ejemplos. Samuel jamás debió ir a juicio, porque ahora parece que aquella noche no participó de nada. Entre Miguel y su hermano deberían cambiarse los papeles. Javier condenado por asesinato y Miguel encubridor pero absuelto por ser su hermano. Cuco condenado por encubrir a Javier y no a Miguel como establece su sentencia y… Podría seguir, pero el galimatías jurídico sería sideral.

¿Va a asumir el juez de instrucción y la fiscalía que deben dar una nueva oportunidad a la familia de Marta para confirmar o descartar esta versión de Miguel, o les va a pesar más el orgullo y el corporativismo? ¿Tendrán miedo a reconocer públicamente que se pueden haber equivocado? Habrá que esperar todavía una semana más para saberlo. Le hago un vaticinio: creo que Miguel se ratificará en su actual confesión. Y le dejo dos preguntas en el aire, ¿por qué la policía no detuvo a Javier Delgado y lo puso a disposición judicial? ¿Aceptará la nueva investigación el magistrado y permitirá que la policía continúe el trabajo? Sólo Francisco de Asís conoce la respuesta a estas dos preguntas.

Nacho Abad