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El mayordomo

Las ventajas del traje a medida

Noviembre 28, 2010

Detalles como ojales cosidos a mano, botones de cuerno de búfalo o el picado de las solapas hablan de la calidad del traje y de la mano de obra empleada


A pesar de las precauciones que toman los dependientes de las tiendas de caballeros para entregarnos el traje escogido sin que se desboque el cuello, no se abran las solapas o sencillamente se nos entalle sin formar arruga alguna, no son pocas las ocasiones en que esto se presenta como labor imposible de no acudir a la sastrería tradicional. 

El sastre con la toma de medidas, la realización del patrón, su paso a la tela, el corte, la unión de las diferentes piezas, el hilvanado, las múltiples pruebas y los retoques finales persigue algo que le está vetado a la confección industrial, por prestigiosa que sea la marca: un traje ceñido por fuera, amplio por dentro, que oculta los defectos, resalta las virtudes y que está totalmente acorde a las medidas, características y gustos del cliente. Y por si todo esto fuera poco: además todo ello hecho enteramente a mano. 

Un  mundo de ventajas

Un buen sastre sabrá interpretar los gustos de su cliente diseñando el traje según el estilo, físico y personalidad de éste último. Cada caballero tiene unas medidas corporales y unas características físicas que lo hacen prácticamente único. Por ello, los señores que acudan a la confección industrial podrán hacerse con un traje que de escogerse correctamente podrá sentarles bien pero nunca lo hará de manera perfecta. 

El sastre al coser el traje pensando únicamente en la fisonomía de su cliente se marca como objetivo disimular algún pequeño defecto físico y resaltar las virtudes del afortunado futuro propietario. 

Un buen traje a medida donde se ha estudiado a conciencia el físico de un caballero concreto contará con un corte específico que podrá hacer aparentar a éste ser más alto, más delgado, más bajo o más grueso según sea su deseo. Un buen sastre coserá el traje acorde a la fisonomía de su cliente y todas las partes, solapas, cuello, faldones, pantalón etc., guardarán una adecuada proporcionalidad con el físico del futuro propietario. 

Igualmente, un buen sastre sabrá como disimular desde un hombro caído o una espalda encorvada hasta una pierna más larga. Igualmente, jugando con las solapas del traje podrá conseguir un rostro más alargado o menos grueso. 

Para lograr un efecto donde el cliente aparente ser desde más alto hasta poseer un rostro más estrecho, el sastre trabajará con las medidas y terminaciones de las solapas, el talle de la chaqueta y del pantalón, el diseño de las hombreras, el largo de la chaqueta, la disposición de los bolsillos, el largo y ancho del pantalón y hasta incluso definirá una altura específica para el ojal de la solapa de cada cliente. 

Con seguridad, en un buen traje a medida las solapas no se abrirán, el cuello no se desbocará, no se producirá arruga alguna al abotonarse, el pantalón caerá de forma limpia y sin formar arruga alguna hasta el zapato etc. Además, el cliente podrá escoger desde una enorme variedad de pesos y tipos de tela hasta bolsillos en diagonal, cerillera, una o dos pinzas, pinza inversa, botones de cuerno de búfalo etc. 

Resulta francamente difícil después de vestir un verdadero traje a medida volver a hacer lo propio con uno de confección. Un buen traje a medida consigue ser estrecho por fuera pero ancho por dentro. En definitiva es como una segunda piel que puede hacer olvidar a su propietario incluso que lo está vistiendo. 

Como ha apuntado en repetidas ocasiones el que hasta recientemente ha sido el Presidente de Club de Sastres de España, D. José María Reillo, quien para muchos es la mejor aguja del país y uno de los más reputados sastres a nivel mundial, tan importante es que el traje sea a medida como que se haya cortado y cosido a mano. 

No confundir made to measure y bespoke 

Hoy son bastantes los establecimientos que prometen trajes a medida; sin embargo, la inmensa mayoría en realidad lo que ofrecen son trajes conocidos como “made to measure”. Estos trajes no pueden ser considerados a medida ya que se limitan a adaptar unos patrones estándares preexistentes al cliente. 

Si bien conseguir una correcta hechura representa siempre un reto para el sastre, el que se realice el traje enteramente a mano debe ser una exigencia de aquellos caballeros que quieran poseer un traje verdaderamente “bespoke”. 

A medida pero también a mano 

Para hablar de un traje a medida no basta con presumir de contar con un botón practicable en la manga de la chaqueta. Un verdadero traje a medida además de tenerse que haber confeccionado efectivamente a medida debe haberse cosido enteramente a mano. Las manos del sastre son las responsables de realizar y coser desde las solapas hasta el forrado y cosido de las solapas de los bolsillos. Por ello, no es exagerado afirmar que es la mano de obra la que en la mayoría de las ocasiones establece la calidad y el nivel del traje final. 

Desgraciadamente si se tiene en cuenta el enorme trabajo y el número de horas que conlleva la realización de un traje a medida y a mano, el precio de éste tiene que ser obligatoriamente elevado. Sin embargo, si se tiene en cuenta los desorbitados precios que cobran las grandes marcas por trajes realizados enteramente por máquinas, rápidamente se llegará a la conclusión de que el elevado precio de los trajes a medida no lo es tanto. 

Si a todo lo anterior se añade que un traje a medida bien cuidado puede durar veinte años y que permite que su propietario engorde o adelgace varios kilos, un traje a medida se convierte claramente en una inversión. 

A pesar de que cada día son menos los sastres de “pata negra” que siguen trabajando según los cánones más puristas, todavía queda en nuestro país un puñado de ellos que pueden presumir de desempeñar esta profesión como lo harían los mejores sastres de la histórica Savile Row. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com