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Otras opiniones

Las últimas novedades del caso Marta del Castillo

Noviembre 25, 2012

El crimen es inherente a las sociedades democráticas. Desgraciadamente es así y ninguna ley, por dura que sea, va a modificar esa realidad. Es una trágica verdad que debemos asumir. Los derechos y las libertades públicas diferencian nuestro Estado de otros en los que el individuo no goza de esa libertad, denominados autoritarios o totalitarios. Pero no todos los ciudadanos saben hacer buen uso de su libertad y de la de los demás. Basta con que usted contemple los acontecimientos de las últimas semanas: mafias chinas, un Rambo, enamorado de una menor de 13 años que la acribilla a balazos, un joven asesinado en Madrid de un disparo de el cuello porque debía más de 10.000 euros en anabolizantes a su verdugo… Podría seguir enumerándole crímenes despiadados, pero en estas últimas semanas una noticia me ha llamado la atención al tiempo que me ha revuelto las tripas y a la que no quiero dejar de hacer referencia. Probablemente no la conocerá porque tuvo escaso eco mediático, casi nulo.

Decía algo así: “Criminólogos de la Universidad Camilo José Cela atan cabos sueltos en el caso de Marta del Castillo”. Y luego contaba el periodista que los expertos analizarán el sumario de la joven desaparecida en Sevilla (mil veces puesto bajo lupa por distintos especialistas) en busca de nuevos indicios que permitan desentrañar la verdad de lo que ocurrió o encontrar una pista de su paradero. Y se preguntará usted, ¿qué hay de malo en tratar de ayudar? ¿No es elogiable que alguien utilice su tiempo en buscar indicios que permitan averiguar dónde esta Marta? ¿No ven más seis ojos que dos?

Mil y un análisis

El sumario de Marta, como le decía, ha sido analizado una y mil veces por gente de diferente pelaje: policías, abogados, jueces, fiscales, criminólogos, periodistas… Yo tuve la ocasión de bucear entre sus páginas y del análisis de miles de folios se hace imposible extraer ningún dato que permita localizar el cuerpo de la joven. Muchos, al margen de los investigadores, hemos pergeñado hipótesis sobre culpabilidades e inocencias, sobre horarios de traslado del cuerpo, sobre otras personas que pudieran estar implicadas… Y sí, es cierto que cómo base de conocimiento del caso está el sumario, pero las especulaciones que al menos barrunto entre mis pensamientos se construyen en función de comentarios recogidos a pie de acera. De hablar con unos y con otros, de hacer guardias, de visitar lugares, de invertir horas de trabajo. Y sepa usted que no todo está en el sumario. Hay mucho más fuera que dentro de él pero como me comenta una abogada a la que le conté tal despropósito “lo que no existe en los autos no existe en el mundo”.

Un día le contaré la reunión inesperada que mantuve por la noche con un desconocido en Sevilla, el viaje entre las brumas a una casa de campo abandonada cuya chimenea estaba presidida por unas catanas, las vueltas que me dieron por Sevilla en un todoterreno de lunas tintadas con un acompañante inesperado que me miraba con cara de odio o el día en que me cachearon en un baño de un bar solitario de la capital hispalense en búsqueda de una grabadora oculta, que no existía, antes de una reveladora conversación que no debía dejar vestigios salvo mi palabra y la memoria.

De nada me sirvieron todas estas gestiones. Más allá de las certezas probadas en la sentencia de los dos juicios de Marta del Castillo, personalmente tengo sospechas, hipótesis, especulaciones que sólo me he atrevido a comentar a mi círculo más cercano. Como las tienen los propios investigadores más allá de lo que hayan escrito en las páginas del sumario. Ellos son profesionales de las pesquisas y por tanto no deberían incluir nada que no puedan probar más tarde en la sala de un tribunal. Pero no se engañe, todos tiene su particular teoría.

Por eso me parece oportunista, chulesco y hasta pretencioso que alguien desde un aula o un despacho, sólo en base a la tinta negra, se marque como objetivo público averiguar la verdad de lo ocurrido o marcar con una “x” en un mapa el lugar donde se esconde el cuerpo de Marta.

Maletín de Grissom

 Claro que lo que no le he contado todavía, es que seguí leyendo la noticia y allí se anunciaba el ¡¡¡MINUCIOSO!!! estudio se realizará por profesores y alumnos en el marco del Primer Master Oficial de Criminalística, Investigación Criminal y Escena del Crimen. ¡¡Ahhhh!! ¿No empieza a atufarle? ¡¡A mí sí!! ¿Los expertos son los alumnos? ¿No le huele a usted que se está utilizando la muerte de Marta del Castillo como reclamo para vender un master y ganar más dinero? ¿Por qué no anuncian que van a investigar casos sin resolver de menor resonancia mediática? Si quieren les doy yo nombres y hasta teléfonos de familiares desesperados porque alguien se preocupe de su caso. ¿O es que vende menos? ¿Se apunta menos gente? ¿Entra menos dinero? ¿Quién será el geta al que se le ha ocurrido semejante treta para hacerse publicidad gratis y lograr que unos cuántos incautos atraídos por el reclamo se apunten previo pago? Y el decano, ¿no tiene que decir nada?

¿Sabe usted que el padre y la madre de Marta jamás han cobrado por hacer declaraciones a un medio de comunicación? En cualquier caso, los alumnos pueden estar tranquilos ya que una vez que hayan satisfecho el importe de la matrícula, recibirán un maletín CSI con la promesa de que se les enseñará a utilizarlo. Eso, eso, el maletín de Grissom que no falte. 

 
Nacho Abad