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Otras opiniones

Las putadas del Ayuntamiento de Madrid

Febrero 9, 2011

Madrugada del martes. Cinco y media. Un fuerte estruendo consigue separarme de las garras de Morfeo. Un estrépito metálico me despierta sobrecogido. Airado, miro por la ventana y contemplo ojiplatico que unos albañiles con cuello vuelto danzan con maquinaria pesada por la plaza. De repente, un grito rompe la tranquilidad. Una voz fuerte y tétrica que pide más hierro para la construcción de una carpa blanca, grande, enorme propiedad de un banco de Euskadi. Incrédulo, froto mis ojos una y otra vez con la única intención de comprobar que lo que estaba viendo no era fruto de mi cansancio extremo. No me equivocaba. Respaldado en el sofá, con las noticias de Televisión Española diluyéndose en mi cabeza, intenté repetidamente volver a conciliar el sueño.
 
El sonido intermitente de un pequeño tractor consiguió crisparme definitivamente. Preso de los nervios, decidí telefonear a la policía municipal. Una voz dulce, como si se tratara de mi salvadora, me atendió al otro lado de la línea: “pues es que tienen permiso para trabajar a esas horas”. “Menudas putadas hace el ayuntamiento”, le espeté. El Ayuntamiento de Madrid hace y deshace con el sueño ajeno lo que le da la gana. Ahora resulta que no se puede dormir ni siquiera de madrugada. Lo más injusto es que los ciudadanos que no estamos empadronados en esta santa ciudad no tenemos la posibilidad de escoger a quien nos gobierna. Somos títeres en manos de los que no tienen problemas de a pie. ¿A quién puedo reclamar que esta noche sólo haya podido dormir cuatro horas y dos minutos? Váyase señor Gallardón, váyase.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista