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Los puntos cardinales

Las potencias se plantean admitir que El Assad ha ganado la “no guerra”

Junio 26, 2012

Hace unos días tuvimos la oportunidad de comprobar que las mentiras se han extendido de un modo generalizado por culpa de la crisis de Siria, esa que nadie quiere calificar abiertamente como guerra. Cuando alguien capitula es que ha habido una confrontación. Y en la guerra no hay tablas, como en el ajedrez. Sólo existen vencedores y vencidos, y el grado de humillación de estos dependerá de la grandeza y generosidad de los primeros. Si se ofrecen condiciones de negociación y clemencia se reconoce que alguien ha logrado la victoria, pese a que el régimen de Damasco haya venido insistiendo que en el país no hay una guerra sino un enfrentamiento contra grupos terroristas.

Las cosas mal hechas mal hechas quedan y la ONU ha vuelto a poner de relieve su absoluta inoperancia y la necesidad de reformar su Carta para ser eficaz. Antecedentes de conflictos civiles no faltan. Por ejemplo, dentro de unos días se cumplirán diecisiete años de la matanza de Srebrenica, en la que los Cascos Azules holandeses desarmados fueron la vergüenza de la organización y del mundo con su actitud contemplativa del asesinato de siete mil varones.

Los boinas azules llevan semanas paseando por Siria en todoterrenos blancos con el distintivo de la ONU en sus puertas, incapaces de completar su misión de observación. La imagen de los vehículos alcanzados por disparos demuestra dos asuntos especialmente graves. Que el régimen no les respeta y que, sobre todo, que las víctimas civiles vierten su ira en ellos por su incapacidad para frenar la tragedia.

Fracaso, por tanto, de la mediación de Kofi Annan y de Naciones Unidas en su conjunto que obliga a recapitular sobre lo hecho hasta ahora y buscar alternativas. La Diplomacia norteamericana cree que, dentro de lo malo, y pese a que el grado de barbarie fue menor, el ejemplo de Yemen podría servir para arrojar alguna luz. Ali Abdalá Saleh dejó el poder para disfrutar de una eficaz asistencia médica en Estados Unidos.

La salida del dictador

Lo que plantean ahora Washington, Londres y Moscú es una salida para Bashar El Assad surgida del Kremlin, para tranquilidad de su protegido sirio. Por encima de las reiteradas condenas a la execrable represión, todo vale para acabar con este infierno. Barack Obama, David Cameron y Vladimir Putin están dispuestos a ofrecer clemencia al sátrapa si acepta la convocatoria de una conferencia internacional en la que participarían representantes de los cinco miembros permanentes de la ONU, Arabia Saudí y Turquía, con presencia obligada de todos los grupos políticos de Siria.

Una vez más, como en Bosnia, el artífice de la tragedia puede verse beneficiado por los superpoderes que no fueron capaces de doblegarle. En la era Clinton, Rusia intercedió para buscarle un final digno a Slobodan Milosevic. Ahora, diecisiete años después de la pesadilla balcánica, es otro presidente ruso quien propone no demonizar al responsable del mal.

No estaría de más empezar a cuestionarse de verdad la eficacia real del Consejo de Seguridad de la ONU y preocuparse por esa Rusia que cada vez se aleja más de Occidente.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.