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Otras opiniones

Las pitadas y los cortes de manga al Rey no son una anécdota

Febrero 25, 2010

Sobrecogido se me ha quedado el cuerpo al oír y leer algunos comentarios de pesebreros al paño sobre el último incidente real en el Bilbao/Arena entre los asistentes a la final de la Copa y Sus Majestades.

Soy un jacobino recalcitrante, un ciudadano que cree en España (o lo queda de ella), que las colectividades agrupadas en torno a un territorio tienen su importancia y que, al fin y a la postre, una Nación no es otra cosa que la voluntad de vivir juntos.

De ahí que no comparta en absoluto el ninguneo que de un tiempo a esta parte se hace, precisamente, al Jefe del Estado. No quiere decir ello que el Rey no tenga alguna o buena parte de la culpa y que no acarree una cierta responsabilidad. En modo alguno.

Es lo que tiene servir a muchos señores.

El proceso de disgregación del país, que existe, se hace sin que la persona que encarna su máxima responsabilidad (no ejecutiva), se viene haciendo sin que desde la cúpula del Estado se haga nada, es más, se asiste impávido dejando que la “autoritas” y la “potesta” se encuentren en almoneda como la corona de Fernando VII que era como una baratija que iba de mano en mano.

Pérdida de imagen y autoridad

Porque precisamente si algo debería representar la Corona en estos momentos en España es prestigio, autoridad que no palo, permanencia de los valores nacionales. Ha cometido algunos errores y sobre sus alrededores se vehiculan diariamente historias para no dormir. Un día es Marichalar, otro la Princesa Letizia, el de más allá amistades reprobables, etc…

Se está convirtiendo en un deporte nacional pitar al Rey, despreciar lo que representa, tomarle como al pito de un sereno. No voy a defenderle yo aquí; otros tienen que deben hacerlo incluso por precio.

Pero ello no puede tomarse a la ligera y es el síntoma de lo que realmente ocurre.

Jóvenes por la pasada

Eran unos cuantos mozalbetes con ganas de bronca, se dice. Pues, oiga, por eso. La juventud que no conoció los avatares de la Transición observan a la Corona unos con displicencia, les viene a importar un comino; otros (catalanes y vascos primordialmente), con beligerancia y agresividad.

Si yo tuviera alguna responsabilidad en La Zarzuela le estaría diciendo al Monarca lo que realmente ocurre y muy especialmente a su heredero, el Príncipe de Asturias.

Y sucede que las próximas generaciones se van a plantear muy en serio si la Monarquía tiene algún sentido y si los cambios profundos en el régimen constitucional no pasan por su liquidación. Esto es así y no es de otra manera.

Definitivamente, Señor, esto no es el Reino Unido de la Gran Bretaña. E incluso allí no está todo escrito.

Lo dice usted una y otra vez: hay que ganarse el pan día a día, minuto a minuto.

Que el pueblo llano, no el de sus amigos de cacerías, las está pasando putas. Muy putas.


Graciano Palomo es periodista, analista político y editor de Ibercampus.es