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El mayordomo

Las páginas “grises” de la revista HOLA

Abril 3, 2010

No me duele prenda en admitir que puntualmente todos los miércoles de cada semana, como ya hace varios años, acudo al quiosco a hacerme con el nuevo número de la revista HOLA.

Si bien a las mayorías de las féminas esta revista las atrae por su contenido rosa o por brindarles la oportunidad de conocer algo más en profundidad las casas de las grandes fortunas del planeta, a mí lo que verdaderamente me mueve a la hora de comprar dicha revista es conocer el devenir del vestir de los considerados como guapos oficiales.

Además de dicho devenir, devenir no pocas veces sorprendente, dicha revista nos brinda la oportunidad de observar los no muy afortunados trajes de nuestra élite social, económica y política. Igualmente, a través de su lectura continuada podemos estudiar la diversidad de cortes de los caballeros dependiendo del país de procedencia del fotografiado.

Sin embargo, no es el propósito de este artículo repasar el índice de esta célebre revista sino más bien analizar una sección que forma parte de ella desde casi sus comienzos: la sección de “Sociedad”.

Lo primero que llama la atención de dicha sección es que al contrario de lo que ocurre con todas las demás, ésta se nos ofrece en blanco y negro. Dicho ahorro sustancial de gasto de imprenta parece querer dejarnos claro que se trata de un apartado de segundo o tercer nivel. Sin embargo, es sorprendente como los apellidos de más rancio abolengo se disputan dichas páginas cada semana a bien de las arcas de la publicación.

A los lectores de esta publicación seguramente les pueda llegar a resultar extraño no encontrarse en dichas páginas fotografiados enlaces de familias con más apellidos de los que seguramente él/ella pueda recordar en su árbol genealógico. Y si además es ajeno a nuestra realidad, podrá llegar a pensar que en España solo se es alguien si tu nombre va acompañado por al menos de cuatro apellidos y el obligado título nobiliario.

Seguramente sean muchos ustedes los que se estén preguntando qué tienen que ver dichas páginas grises con los artículos que acostumbra albergar nuestra columna semanal. Pues lo tiene que ver todo. Como hemos establecido en múltiples ocasiones la elegancia es discreción y la discreción es saber estar y modestia. Y el saber estar nos obliga huir de aparecer en semejante sección de “Sociedad”.

No me cabe duda de que los verdaderos señores elegantes y con clase no necesitan esas páginas descafeinadas para darse autobombo e importancia a base de talonario. Un verdadero caballero no debería nunca admitir ser el protagonista de una sección de segundo nivel y mucho menos tener que pagar por ello.

Un verdadero caballero conoce perfectamente desde que un esmoquin no es apto para ser vestido en una boda como que no necesita salir ni siquiera en las páginas centrales a color de dicha revista para ser considerado importante. Él sabe perfectamente quien es y no necesita que nadie le fotografíe para su posterior análisis en peluquerías y en la sala de espera del dentista.

¿Alguno de nosotros puede imaginarse al Profesor Jiménez Díaz o al recientemente desaparecido Miguel Delibes apareciendo en dichas páginas de sociedad? Definitivamente, no pocas veces “corrientes” apellidos como Jiménez o Díaz tienen detrás mucha más historia y renombre que los títulos y largos apellidos compuestos de unas familias que viven de los logros y méritos de sus antepasados y que, hoy por hoy, son solo un recuerdo del pasado.

Si por capricho del destino mi foto se viera publicada en dicha sección esto me preocuparía sobremanera. No deja de ser cómico observar como los contribuidores de esta sección se afanan en conseguir la mayor amortización de la foto (o del dinero) posible. De ahí que en una foto de reducidas dimensiones se agolpen no pocos apellidos ilustres con el claro objetivo de que dichos apellidos salgan escritos en toda su extensión en el pie de foto; requisito este último, al parecer, de obligado cumplimiento para que la aportación sea realizada.

Este querer y no poder nos ofrece imágenes de lo más rancias por amplia que sea la sonrisa de la interminable lista de testigos y de las señoritas de bien que con poses más cercanas a las de una modelo de alta costura posan para el fotógrafo.

Desgraciadamente todavía hay gente que piensa que el tener un título nobiliario presidiendo el nombre es sinónimo de dinero y reconocimiento social y luchan sin descanso hasta conseguir que les sea otorgado uno. Y definitivamente la solera y la clase no la otorgan ningún título y mucho menos si nos hemos tenido que valer de nuestras influencias o de las de nuestros parientes más cercanos para que nos fuese otorgado.

Que la Duquesa de Alba no conoce problemas para llegar a fin de mes parece un hecho incuestionable. Sin embargo, si investigáramos en las cuentas corrientes y en los archivos del Registro de la Propiedad de gran parte de los que lucen orgullosos sus chaqués y pamelas en las páginas en blanco y negro del HOLA nos encontraríamos con enormes sorpresas y seriamos testigos de como sus títulos y largos apellidos se desvanecerían a velocidad de infarto tras sus deudas e hipotecas.

Entrar a analizar el significado de la palabra elegancia nos obligaría a tener que adentrarnos en aguas pantanosas y no estamos seguros de que pudiéramos salir de ellas de forma airosa. De ahí que en nuestra sección de El Mayordomo prefiramos centrarnos solo en esa elegancia que se trasmite a través de nuestro aspecto y vestimenta.

No obstante, no podemos olvidar que la persona verdaderamente elegante lo debería ser tanto por fuera como por dentro y el saber estar, las maneras y la conducta dicen siempre más de la persona que el más cuidado traje cruzado o la más acertada combinación de colores.

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com

Nota:Las fotos han sido seleccionadas al azar y no tenemos constancia de que ninguna de las fotografías ni de los fotografiados hayan aparecido en la revista HOLA.