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Otras opiniones

Las iglesias que cobran…

Marzo 9, 2011

Paseando el otro día por el casco histórico de una Cuenca que parece más bonita que ninguna, me helé sobremanera. Y no porque en la ciudad manchega hiciera un frío solemne, sino porque yo que soy cristiano, creo en Dios, y rezo de vez en cuando, no entendí cómo al intentar acceder a una pequeña iglesia situada en la Plaza de San Vicente para rezar un padrenuestro, me pidieran dos euros. Increíble. Aluciné en pepinillos, como dicen ahora los adolescentes primerizos.
 
Jamás concebiré que se pretenda sacar rentabilidad de la fe. Me resulta repulsivo que para rezar un padrenuestro o simplemente hacer una petición se tenga que pagar como si la Casa de Dios tuviera precio. No entiendo cómo es posible que los religiosos no sientan vergüenza de comprobar que Jesús viajaba en borriquito y que no tenía ningún tipo de pretensión.
 
También estoy algo sorprendido ante la increíble historia de las monjas que han sido robadas en un convento español. Dicen que tenían un millón y medio de euros enclaustrados en una pared. No entiendo para qué querían tanto dinero, cuando se supone que su función es ayudar al ajeno. Deberían haber invertido tamaño capital en sacar de la calle a tantos indigentes que duermen en cajeros o, simplemente, haber construido una residencia de ancianos o un orfanato. La avaricia rompe el saco, aquí y en el Vaticano.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista