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Mi Tribuna

Las encuestas empiezan donde acaba Pedro Sánchez

Junio 20, 2016
pedro

La obligada consulta a las variopintas encuestas electorales que se han venido publicando estos días concluye en que todo está en el mismo punto donde lo dejamos hace seis meses. ¿Entonces? Lo trascendental se reserva para después, cuando empiece el baile de cuentas y las posibilidades de pactos afloren con la misma capacidad para relativizar a la vista de todo lo que escuchamos y vimos meses atrás. Recuerden, pasamos del ofrecimiento de una gran coalición al matrimonio del PSOE con Ciudadanos y el ataque de cuernos de Podemos que ahora llega con más fuerza porque suma los votos que borran del mapa a Izquierda Unida.

La primera de las reflexiones después de las encuestas estará en la sede socialista. Si es verdad lo que reflejan todos los sondeos, el PSOE es un partido tocado y Pedro Sánchez un líder hundido. En diciembre, Sánchez tuvo habilidad para convertir los peores resultados de la historia de su formación en una oportunidad que exprimió hasta sus últimas posibilidades con sesión de investidura incluida; incluso el acercamiento con Podemos podría haber sido una alternativa para él si no tiene enfrente la oposición de los barones y el peso del aparato del partido que frenó cualquier movimiento de acercamiento hacia Pablo Iglesias.

La complicada encrucijada de Pedro Sánchez

Difícil posición para Pedro Sánchez. Si se alinea con Podemos puede estar hundiendo aún más a un partido que no encuentra su sitio en la izquierda y se ahoga ante el absolutismo de Iglesias. Por el otro lado, nadie contempla que el PSOE permita un gobierno popular porque, en eso también coinciden todos, el PP ganará las elecciones como en diciembre.  Pero más complicado para Sánchez es mantener por segunda vez una posición de liderazgo en medio de una debacle de votos. Almunia y Rubalcaba dieron un paso al lado cuando las elecciones castigaron sus proyectos socialistas y esta cita no augura precisamente un vuelco que permita salvar los muebles del PSOE. Por eso, en todo este entramado de números que no cuadran es fundamental el sentido que los socialistas den a sus resultados electorales. Y da la impresión de que, esta vez, no servirán segundas lecturas y será más una cuestión práctica en una especie de ‘al pan, pan, y al vino, vino’.

El PP sigue ofreciendo un pacto imposible entre los partidos moderados pero tendrá que bajarse al barro de una negociación complicada si quiere gobernar con un mínimo de estabilidad. No le valdría, ni siquiera, con los escaños que intenta mantener Ciudadanos en un evidente quiero y no puedo de Albert Rivera, que se desangra políticamente en un proyecto nacional lleno de fisuras porque no ha elegido precisamente a los mejores compañeros de viaje. Por eso no crece. Ciudadanos se ha convertido en un engaño porque sus armarios están llenos de secretos, historias sobre aquellos que aprovecharon las puertas abiertas desde Cataluña para mezclar aspiraciones personales con juegos de poder y traición; intentar emular a un líder como Rivera solo es posible con la solidez de Rivera. A partir de ahí, el cartel se queda vacío y muy pocos pueden hacerle un seguidismo fiable. Más bien, como hemos tenido la oportunidad de leer en este periódico, Ciudadanos ofrece escasa confianza a los que han pasado por el partido y lo han tenido que dejar decepcionados por vivir en primera persona como sus doctrinas de transparencia y nueva política no son más que proclamas envueltas en maniobras allá donde tienen la posibilidad de influir con el apoyo de su voto bisagra. Al final, es un más de lo mismo

Posibilidad de sorpresa

Algunos expertos en demoscopia dicen que existe una posibilidad palpable de sorpresa en las elecciones del domingo que no es captable en las encuestas. Eso ya se escapa de lo que puedan reflejar estos sondeos que, por lo general, coinciden en el análisis de un desenlace con victoria insuficiente del PP, hundimiento del PSOE, adelanto (me niego a eso de sorpasso) de la coalición Unidos Podemos y estancamiento a la baja de Ciudadanos. Es decir, que seis meses después nos encontramos con un escenario idéntico donde la gobernabilidad está tan en duda como en diciembre pero con la seguridad de que no puede pasar más tiempo sin un acuerdo. Cómo será el sentido de este arreglo es lo que sigue en el aire. Lo que dice Pedro Sánchez de que “ni habrá gran coalición ni Iglesias será presidente” parte de un deseo personal que choca con la evidencia de que todo el nuevo orden empieza en él mismo, en la noche del 26-J cuando los resultados pongan al PSOE en un lugar que le será muy difícil defender.

Félix-Ángel Carreras

@facarreras68