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Los puntos cardinales

Las elecciones atómicas y el astronauta Ahmadinejad

Febrero 5, 2013

El segundo y último mandato de Barack Obama ha iniciado su singladura con nuevos oficiales en el puente de mando. El vicepresidente, Joe Biden, sigue siendo el segundo de a bordo en el escalafón de la Administración demócrata a la que se han incorporado John Kerry, como responsable del Departamento de Estado, y Chuck Hagel, al frente del Pentágono. Hay un denominador común entre los tres que permite imaginar por dónde podemos buscar las prioridades diplomáticas de este cuatrienio. Este núcleo duro del equipo está convencido de que aún hay tiempo para hablar directamente con Irán, y así lo han venido dando a entender. Incluso la responsable de la Política Exterior comunitaria, Catherine Ashton, ha propuesto que los próximos 25 y 26 de este mes los cinco miembros con derecho a veto del Consejo de Seguridad de la ONU junto a Alemania se sienten con los delegados iraníes en Kazajstán. De momento, el ministro de Exteriores, Ali Akhbar Salehi, ha respondido favorablemente, en el sentido de que Teherán no pone líneas rojas. Sí exigen a Estados Unidos que acabe con la retórica agresiva, aunque todo esto forma parte de la escenografía. De hecho, los iraníes admiten haber mantenido ya varios contactos directos con Estados Unidos en Bagdad. Biden, por su parte, ha dejado claro que la oferta es real, y para ello habrá que fijar una agenda con los asuntos a tratar y no plantear el encuentro como un mero ejercicio.

Elecciones en Irán

Irán está en año electoral y la campaña arranca oficialmente el próximo mes de marzo. Sin embargo, el movimiento político en todos los ámbitos y la carrera de posibles candidatos ha obligado al líder supremo, Ali Khamenei, a pedir mesura en los comentarios de algunos destacados responsables del régimen, que buscan colocarse en la recta de salida como sea. A la espera de conocer quién concurrirá para ser presidente, lo que está claro es que se impone la experiencia en asuntos nucleares a los aspirantes. Por ejemplo, el titular de Exteriores citado líneas arriba, Ahkbar Salehi, fue jefe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, y el presidente del Parlamento, Ali Larijani, estuvo al frente del equipo negociador nuclear en sustitución de Hassan Rohani, un nombre sobre el que se hacen muchas apuestas. De este último son conocidas sus públicas discrepancias con el presidente, Mahmud Ahmadinejad, vencedor en los comicios de 2009 y que, fuera ya de aspiraciones electorales, ha tenido a bien ofrecerse voluntario para viajar en una futura misión iraní al espacio, algo que hasta ahora sólo había hecho un mono, el orgullo homínido de la revolución.

Lo cierto es que si corrían malos tiempos para Ahmadinejad, son peores aún después de que uno de sus hombres total confianza, el antiguo fiscal jefe de Teherán, Saed Mortavazi, haya ingresado en prisión acusado de torturas y del asesinato de detenidos durante las protestas de 2009. No es este un hecho aislado. Muy al contrario, puede ilustrar el progresivo asilamiento de Ahmadinejad frente a la nomenclatura del Parlamento, con un ayatolá Khomenei investido de la infalibilidad que otorga la teocracia y con la Guardia Revolucionaria como verdadero poder. Es, pues, un año decisivo para Irán y para sus relaciones con Occidente. Y una prueba para conocer la pervivencia del sistema creado en la revolución, de la que se cumplen treinta y cuatro años, y cuyos desafíos le han supuesto unas sanciones internacionales que, en la práctica, se traducen en una pérdida del 40% de las ventas de crudo. Seguro que desde el espacio Ahmadinejad será capaz de tener una perspectiva más amplia de un mundo al que ha tocado las narices en demasiadas ocasiones.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.